La ultra derecha insaciable ( U. D. I. ) rompiendo la tradición de criticar minutos después de emitido el mensaje, ha decidido criticarlo antes que se lleve a cabo. Su vocero Larraín, ha dicho que si dice esto o lo otro, si no dice lo otro o esto, entonces habrá cometido un grueso error, que se sumaría a la larga lista de errores, etc & etc. Todo esto en el marco de un acto solemne, que se llevará a cabo mañana por la mañana en Valparaíso en la sede del poder Legislativo, con escaramuzas previas, en que la protagonista será la autoridad máxima de la nación.
No es que quiera solidarizar con la Concertación de nuestros días. Solo es que me cae mal el encono con que la oposición de ultraderecha ataca a Bachelet, lo hace veladamente por el flanco de su condición de mujer. Nunca se había visto eso de atacar antes que hablara. Recordemos que a Ricardo Lagos lo “respetaban”. Esto considerando que para mí, la Concertación vale poco, casi nada.
Lo que diga Bachelet, dicho será, nada cambiará por el hecho de decirlo. La señora administra un modelo ultra liberal y ella trata de dar forma al engendro socio-lingüista llamado “énfasis en lo social” que ninguno de sus antecesores logró realizar. Ciertamente no soy de los que cree que la presidenta en medio del mensaje romperá en sollozos y entregará la banda al presidente del Senado capitulando así su vapuleado gobierno. Es más probable que nombre a Pablo Longueira como ministro de Transportes imitando a su colega francés que acaba de sorprender con el nombramiento del socialista Bernard Kouchner como ministro de Relaciones Exteriores de su debutante gobierno. Así, mata 2 pájaros de 1 tiro, a pesar de que aparentemente están muertos.
Como se espera, seguirá el festín con los efectos del plan Transantiago, se seguirá hablando de la humillación diaria de los usuarios. Al parecer el concepto de humillación es el gran hallazgo político que anima miles de comentarios y noticias, como si tuviéramos que ponernos de acuerdo en que el hecho de esperar ½ o 1 hora la micro, caminar 3 o 4 cuadras más diarias, en perder 1 o 2 horas que se agregan al cansancio de la jornada de trabajo, es la novedad del año: la humillación.
Las condiciones humillantes en que se desenvuelve la vida diaria de los pobres desde siempre ha sido ignorada, el salario de un jornalero de 160 mil pesos mensuales es una humillación que se siente en carne propia cuando eres parte de “esa gente” y es una doble humillación cuando tienes que transportarte con más dificultades que antes para ir a ganar esa miseria. La humillación siempre ha existido, Santiago es una ciudad humillante que ha sido crecientemente intervenida por el mercado & la fuerza, para asegurar el goce de la clase alta, la pudiente, la que tiene la plata y el poder.
Vivimos en una ciudad, en un país, en que hay que experimentar o sufrir, para caer en cuenta que lo que habíamos aceptado como verdad tenía una validez relativa. Cuando llueve todos se mojan, sin embargo las autoridades han dado una importancia desmedida a que esa lluvia que caerá durante las horas de espera de micros, sea parada por la construcción de miles de costosos paraderos, puesto que ahora la lluvia será humillante. Para mi es un mal signo, que se construyan paraderos adecuados para una larga espera.
Lo que diga Bachelet, dicho será, nada cambiará por el hecho de decirlo. La señora administra un modelo ultra liberal y ella trata de dar forma al engendro socio-lingüista llamado “énfasis en lo social” que ninguno de sus antecesores logró realizar. Ciertamente no soy de los que cree que la presidenta en medio del mensaje romperá en sollozos y entregará la banda al presidente del Senado capitulando así su vapuleado gobierno. Es más probable que nombre a Pablo Longueira como ministro de Transportes imitando a su colega francés que acaba de sorprender con el nombramiento del socialista Bernard Kouchner como ministro de Relaciones Exteriores de su debutante gobierno. Así, mata 2 pájaros de 1 tiro, a pesar de que aparentemente están muertos.
Como se espera, seguirá el festín con los efectos del plan Transantiago, se seguirá hablando de la humillación diaria de los usuarios. Al parecer el concepto de humillación es el gran hallazgo político que anima miles de comentarios y noticias, como si tuviéramos que ponernos de acuerdo en que el hecho de esperar ½ o 1 hora la micro, caminar 3 o 4 cuadras más diarias, en perder 1 o 2 horas que se agregan al cansancio de la jornada de trabajo, es la novedad del año: la humillación.
Las condiciones humillantes en que se desenvuelve la vida diaria de los pobres desde siempre ha sido ignorada, el salario de un jornalero de 160 mil pesos mensuales es una humillación que se siente en carne propia cuando eres parte de “esa gente” y es una doble humillación cuando tienes que transportarte con más dificultades que antes para ir a ganar esa miseria. La humillación siempre ha existido, Santiago es una ciudad humillante que ha sido crecientemente intervenida por el mercado & la fuerza, para asegurar el goce de la clase alta, la pudiente, la que tiene la plata y el poder.
Vivimos en una ciudad, en un país, en que hay que experimentar o sufrir, para caer en cuenta que lo que habíamos aceptado como verdad tenía una validez relativa. Cuando llueve todos se mojan, sin embargo las autoridades han dado una importancia desmedida a que esa lluvia que caerá durante las horas de espera de micros, sea parada por la construcción de miles de costosos paraderos, puesto que ahora la lluvia será humillante. Para mi es un mal signo, que se construyan paraderos adecuados para una larga espera.
Para el liberalismo económico, que es la ideología que nutre lo que se ofrece como realidad de vida a los ciudadanos, que campea sin oponentes, ya que las 2 grandes alianzas que copan la actividad política son depositarias de él; conceptos como salario mínimo, costo social, sindicatos, son conceptos espurios, vestigios de un pasado equivocado que deberían caer en desuso con el paso del tiempo. La ley de la oferta y demanda, cuando rige toda la actividad humana, es la fuente primera de la humillación. Si no lo cree, aplíquelo en su propia casa, deje que la mano invisible sea la que ordene su vida privada.
