El Protocolo de Kioto
El 11 de diciembre de 1997 hubo una importante reunión de numerosos países y con acuerdos trascendentes en la ciudad japonesa de Kioto. Tomando referencias de 1990, los países industrializados reunidos allí se comprometieron a la adopción de medidas suficientes como para reducir en un 5,2% de media, las emisiones de gases de efecto invernadero. Esa cantidad debía alcanzarse entre el 2008 y el 2012… Sin embargo, el histórico acuerdo sólo vino a entrar en vigor el 16 de febrero de 2005, después de que Rusia ratificara el Protocolo tres meses antes. Además, el gobierno de Estados Unidos, que firmó el acuerdo, no lo ratificó, por lo que su adhesión fue solamente simbólica hasta el 2001. Ese año, George Bush se retiró de tal acuerdo argumentando que el Protocolo es ineficiente e injusto al involucrar sólo a los países industrializados y excluir de las restricciones a algunos de los mayores emisores de gases en vías de desarrollo, en particular, China e India.
Además del cumplimiento de los países signatarios en cuanto a la emisión de gases de efecto invernadero, se promovió desde esa instancia internacional la generación de un desarrollo sostenible, de tal manera que se priorice también la utilización de energías no convencionales, alternativas.
Energías Alternativas.
Sin duda que la energía en general es fundamental para el desarrollo de un país. Por lo tanto, la energías que se buscan para suplir las actuales en vigencia, no sólo deben tener la capacidad de no contaminar el medio ambiente, sino además, deben contar con un costo de producción bajo. Dicho en otras palabras, debe ser económicamente “competitiva”.
Entonces surge la búsqueda de fórmulas de desarrollo de energías alternativas, basadas en el uso de fuentes renovables pero limpias (con capacidad de no contaminar el medio ambiente), que tengan la cualidad de fomentar el autoconsumo y que –idealmente- no requieran grandes infraestructuras de generación.
Es importante señalar que hay energías renovables contaminantes, que se obtienen de materia orgánica o biomasa y que se pueden utilizar directamente como combustible (madera u otra materia vegetal sólida) o bien convertida en biodiesel o biogas mediante procesos de fermentación orgánica. Pero tienen el mismo problema que la energía producida por combustibles fósiles: que en la combustión emiten dióxido de carbono (CO2), gas de efecto invernadero. Aunque parezca increíble, la humanidad (sobre todo en el norte del planeta) devora los combustibles fósiles a un ritmo cien mil veces más rápido que el de su velocidad de formación…Por cierto, también se puede producir energía a partir de los residuos sólidos urbanos, o sea, de la basura que se recoge en las ciudades.
Podemos seguir en la descripción de fuentes energéticas, pero queremos aportar datos sobre las energías renovables limpias, alternativas no contaminantes, que son distintas a las de combustibles fósiles o centrales nucleares debido –además- a su diversidad y abundancia.
Un dato positivo: se calcula que en la actualidad este tipo de energías cubren en el mundo casi un cuarto del consumo de la electricidad que se necesita y que el 90 % es de origen hidráulico.
Veamos un rápido resumen de las energías alternativas que mas se están desarrollando en la actualidad.
La energía hidráulica, que tanto conocemos y utilizamos en Chile, se basa en el potencial acumulado en los saltos de aguas y que puede ser transformado en energía eléctrica. Las centrales hidroeléctricas aprovechan las corrientes y caídas de los ríos para poner en funcionamiento turbinas que activan un generador eléctrico. Tienen el defecto de que los embalses que se construyen son de alto coste, afectan gravemente el ecosistema fluvial, modifican los caudales de los ríos, producen impacto paisajístico y humano puesto que a menudo su construcción exige trasladar pueblos enteros (Asuán, Itaipú, Yaciretá,etc.) y sepulta bajo las aguas tierras de cultivo y bosques. Pero también tienen la ventaja de que producen una energía limpia, de bajo coste de explotación, lo cual significa que es rentable. Además, las aguas utilizadas pueden de nuevo usarse una vez que pasen por las turbinas. La vida útil de un embalse de estos varía entre los 50 y los 200 años, dependiendo de la cantidad de sedimentos que el río arrastre y que lo llenan hasta inutilizarle. La energía hidroeléctrica, al máximo de sus posibilidades, podría cubrir hasta el 15% de las necesidades del mundo de hoy. Sin embargo, en la actualidad se explota solamente el 20% de la capacidad total existente.
La energía eólica, que es producida por el movimiento del viento y se puede obtener a través de aerogeneradores. Tiene la ventaja de ser renovable (no se gasta o tarda poco en regenerarse). Es limpia, porque no requiere combustión que produzca CO2 ni residuos contaminantes. Puede colocarse en lugares no aptos para otros fines (zonas desérticas, montes empinados no cultivables, etc.). Puede convivir con otros usos del suelo, como prados y cultivos bajos. Su instalación es rápida. Si se combina con otro tipo de energía, como la solar, permite gran autonomía en sectores habitados. Entre las desventajas, se señala que produce impacto visual en el paisaje, ruido de baja frecuencia y que puede ser una trampa para las aves, aunque estudios comparativos recientes señalan que la muerte de aves por las aspas de los aerogeneradores es menor que la que producen los aviones y los vehículos motorizados en las carreteras. También provocan un curioso efecto llamado “discoteca”, que consiste en que las aspas de los aerogeneradores (molinos) proyectan con regularidad sombras sobre jardines y ventanas, lo cual eleva el estrés en la gente. En la actualidad, el 90% de los parques eólicos se encuentran en Estados Unidos y Europa, siendo Alemania, España, Estados Unidos, India y Dinamarca –en ese mismo orden- los cinco países que más han invertido en esta tecnología, especialmente a partir del último quinquenio. En 2006, en Europa se instalaron equipos que supusieron un 23% más que el año anterior, y los expertos esperan que su desarrollo marche al ritmo del 15% anual.
Finalmente, un dato curioso: España y Alemania llegaron a producir en 2005 más electricidad desde los parques eólicos que desde las centrales hidroeléctricas.
La energía solar es la obtenida directamente del sol. Su radiación puede ser utilizada directamente para calentar o en aprovecharla en dispositivos capaces de generar energía renovable y limpia. Existen varios tipos de energía solar, como la pasiva que es utilizada sin necesidad de mecanismos o sistemas mecánicos; la térmica, para producir agua caliente a baja temperatura para uso doméstico; la fotovoltaica y la termoeléctrica, ambas para producir electricidad; la híbrida, que combina la solar con la combustión de la biomasa; o la eólico-solar que funciona con el aire calentado por el sol.
En general, esta energía se utiliza en cuestiones más bien domésticas, como el acondicionamiento de aire, la calefacción, calentamiento y potabilización de agua, cocinas, destilaciones, etc. Pero también puede usarse en cuestiones mayores, como las centrales termosolares, en hornos solares, etc..
La gran desventaja radica en el hecho de que su instalación es de alto coste y poco rentable. En el caso de los paneles solares fotovoltaicos, por ejemplo, su rendimiento es sólo de alrededor del 18% y su calor no se puede reaprovechar. Incluso se dice que en su vida útil no alcanza a cubrir los propios gastos de generación.
Sin embargo, la gran ventaja es que la fuente de esta energía, el sol, según los expertos en la materia, abastecerá a la tierra todavía por un período que se calcula en cuatro mil millones de años…
