Ante el desastre del Transantiago, lo más escandaloso e impresentable es la actitud de la clase política -Gobierno, Concertación y Alianza, en un consenso similar al que suscitó el cierre del Aeropuerto de los Cerrillos, el que también tuvo su origen en el gobierno de Lagos- y de la prensa en el trato de total deferencia que brindan al AFT y, especialmente, a la empresa Sonda y su Presidente, Andrés Navarro (aquel que ofrecía “la cara, el pecho y las lucas”), a quienes nadie menciona y, muy por el contrario, se le conceden entrevistas de limpieza de imagen.
Sonda es la responsable de un software que todavía no funciona, que incluía el sistema GPS para determinar las frecuencias, clearing y otras varias funciones, todas ellas aún inoperantes. Dicha empresa está actualmente demandada en los tribunales chilenos por plagio -en virtud del cual, habría ganado el concurso para el Transantiago- por la empresa TIMM, amén de otras acciones judiciales similares en diversos países, todo lo cual, se calla hasta por los aliancistas más furibundos y vociferantes y se silencia por nuestra prensa duopólica, con total desprecio por los usuarios del sistema.
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