La Misión Barrio Adentro se inició en el año 2003, coincidiendo con el 25 aniversario de la Declaración de Alma Ata, firmada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) en 1978. Aquella declaración se propuso como objetivo “Salud para todos en el año 2000”. En aquel entonces fue celebrada como un verdadero punto de inflexión para el modo de entender las políticas sanitarias públicas, sobre todo en el Tercer Mundo. En la declaración, firmada por 134 países, se constató la necesidad de que el estado ofrezca una cobertura sanitaria integral y barata y a la que tengan acceso todos sus ciudadanos. Pero como la Sanidad y su cobertura por parte del estado, tanto en los sistemas capitalistas más desarrollados como en los menos desarrollados, existe solamente como variable dependiente de la acumulación y el lucro, aquel hermoso objetivo nunca se alcanzó.
La causa de esta reorientación en la atención primaria de salud producida en la década de los 70 la encontramos en los éxitos en política de salud de países inmersos en profundas transformaciones revolucionarias. Por ejemplo los llamados médicos descalzos de la China maoísta eran legos formados en Primeros Auxilios, y que fueron enviados a miles a las empresas estatales y a las cooperativas agrícolas. Estos se encargaban de la cobertura médica básica, de modo que parámetros como la mortalidad infantil y de las jóvenes madres pudieron reducirse de forma rápida e impactante. Cuba, por su parte, es conocida en Latinoamérica por su excelente sistema sanitario. Hasta la fecha envía médicos a 80 países. Cuba gastó en el año 2000 193 dólares per cápita para el sistema sanitario, mientras que en EE.UU esta cifra ascendía a 4499 dólares por habitante. Sin embargo ello no impidió que la mortalidad infantil fuera casi igual en ambos países (7 por mil). En Chile, durante el breve periodo de gobierno de Salvador Allende, la cobertura sanitaria y educacional fue gratuita, y en la extinta RDA tampoco tenía nadie que preocuparse por si podía pagar o no la próxima visita al médico.
A pesar de que la Declaración de Alma Ata estuvo acompañada de una euforia sin precedentes, enseguida se granjeó justas críticas, ya que la valentía de su mensaje se basó en el falso supuesto de que todas las partes estaban dispuestas a cooperar en aquel objetivo indudablemente bueno. En Alma Ata no se mencionaron los intereses políticos incompatibles con los principios de la propia declaración. En ella se predicaba cooperación en lugar de confrontación. En otras palabras, se obvió sin más la importancia de la lucha de clases.
Por el contrario, la otra parte siguió defendiendo profusamente sus intereses de clase. Los llamados programas de adaptación estructural del Fondo Monetario Internacional (FMI) obligaron a los países pobres a adaptar sus estructuras a las exigencias del negocio internacional. Había que reducir tanto los gastos públicos como los salarios, y las monedas nacionales debían sufrir devaluaciones. También urgía eliminar las subvenciones a los alimentos, aumentar los precios agrarios y privatizar las empresas públicas. De este modo se hacía imposible establecer una cobertura sanitaria básica a la que tuviera acceso toda la población. Y en caso de que ésta existiera era cuestión de torpedearla. Así, una enfermedad como la malaria mata anualmente en el Africa tropical a un millón de niños. Dado que la malaria puede curarse si se toma a tiempo la medicación precisa, la mayoría de estos niños mueren por falta de la libertad de movimientos, ya que los padres, en ausencia de la atencion de salud en el lugar, pocas veces pueden permitirse el viaje de la aldea a la ciudad para que sus pequeños reciban el correspondiente tratamiento.
Pronto el Banco Mundial y el FMI desbancaron a la OMS del liderazgo ideológico en lo que al discurso sanitario se refiere. Ambas organizaciones recomendaron aumentar las cuotas a pagar por los pacientes, así como disolver los seguros públicos mientras se daba paso a los privados. Este sector debía ganar cada vez más terreno. En 1993 se impusieron sutilmente las nuevas directrices en un documento del Banco Mundial titulado “Investing in Health” (Invertir en Salud). Un banquero declaraba entonces abiertamente: “Contamos con una verdadera política de directrices cuando el banco tiene verdadero poder – me refiero a verdadero dominio. Sólo cuando los países están puestos contra las cuerdas es posible obligarlos a reformar las cosas en un grado en que jamás sería posible en el contexto de simples proyectos aislados. También es posible tocar bajo estas condiciones al sector sanitario.”
La Organización Mundial de la Salud fue durante mucho tiempo observadora silenciosa en la polémica en torno a aquella imposición ideológica. La OMS intentó recuperar terreno creando una comisión sobre Macroeconomía y Salud. El informe de esta comisión fue presentado en diciembre de 2001 con la intención de aunar la mayor competencia posible en materia económica para obtener una visión de la Sanidad en un mundo globalizado. Para apoyar esta opinión, Jeffrey Sachs – quién fue calificado por el New York Times como el más destacado economista del mundo – fue nombrado presidente de la comisión. Aquello fue de facto el intento de la OMS de hablar el mismo lenguaje que el Banco Mundial. En el prefacio del informe puede leerse: “La globalización se está poniendo a prueba como nunca antes. Por ello debe el mundo cumplir con las altas obligaciones que se ha impuesto de reducir la pobreza y mejorar la salud.” Obsérvese que ya no se habla de acabar con la pobreza, sino de reducirla. La salud, por su parte, debía ser mejorada con el fin de mantener y potenciar el negocio global de los consorcios, que se estaba viendo en peligro. La absorción ideológica por parte de la OMS del “establishment” neoliberal de ayuda al desarrollo quedaba así consumada.
Tras el fracaso de estos intentos el gobierno comenzó en 2003 a crear los programas sociales, las llamadas misiones. Entre otras cosas se le instó al cuerpo médico venezolano a aliviar mediante la correspondiente cobertura sanitaria la catastrófica situación en los barrios más pobres, en los que vivía entre el 60 y el 70 por ciento de la población, que nunca había visto un médico. Los médicos venezolanos hicieron oídos sordos al llamado. De ahí que se volviera a contar con la Misión Medica Cubana, que el mismo año envió doctores a algunos de los barrios de Caracas.
La aceptación de los médicos cubanos en los barrios requería de una autoorganización de sus pobladores. Se fundaron comités de salud, para establecer las condiciones necesarias para la cobertura sanitaria. Este proceso no estuvo exento de conflictos y tensiones, pero sirvió para que los afectados se ocuparan de sus propios asuntos. Así, una voluntaria del barrio caraqueño de Catia comenta: » Mi papel cambió desde que llegaron los médicos, porque por medio de ellos he aprendido a desempeñarme mejor. Yo era muy penosa para hablar, en la comunidad éramos penosas y no sabíamos hablar [en público]. Debido a tantas reuniones a las que asistimos por medio de Barrio Adentro y a los talleres que me han dado he aprendido a superar el miedo.« La participación de los barrios en la organización de la cobertura sanitaria no está marcada por la planificación estatal, sino que se desarrolla conjuntamente con otras misiones y los ministerios.
Una de las primeras coordinadoras de uno de los comités de salud informa: » Aquí todo el tiempo la gente decidía por nosotros, éramos como unos títeres, ahora no, nosotros nos hemos organizado como comité de salud, que ha sido como el pionero de todo. De aquí se han derivado las OCV, que son las organizaciones de construcciones de vivienda, los comités de tierra, que son organizaciones también. A través de los comités de tierra vienen los consejos comunales… por aquí no viene ningún ente gubernamental a decirnos que es lo que [tenemos que hacer], nosotros hacemos asambleas por medio del comité de salud, que ha jugado un papel muy importante aquí en la comunidad. Si no hubiera sido por el comité de salud no estaríamos unidos como lo estamos ahorita al 99 por ciento, eso fue una cosa muy bella.« En mayo de 2006 había en todo el país 8951 comités de salud, para los que el Ministerio de Sanidad ha establecido tanto un centro de coordinación nacional, como otros regionales. Los comités de salud no sólo se encargan de la gestión práctica y logística de Barrio Adentro, sino también de la organización de las asambleas que abordan cuestiones sanitarias. Sólo en el primer trimestre de 2006 se celebraron 41639 asambleas semejantes, con un total de 1.423.815 participantes.
Cuando los médicos cubanos llegaron a los barrios fueron acogidos por las familias y en sus viviendas establecieron los Puntos de Consulta. Paralelamente fueron creándose Consultorios Populares, a los que fueron mudándose los puntos de consulta. Estos consultorios son pequeños módulos octogonales de dos pisos. En la planta baja hay una pequeña consulta con sala de espera. En la de arriba hay dos dormitorios y una sala de estar para dos médicos. En principio los médicos pueden ser requeridos las 24 horas del día, aunque su trabajo se divide en la consulta matutina en el Consultorio Popular y una serie de visitas domésticas por la tarde. El objetivo del gobierno venezolano es repartir 5966 Consultorios Populares por todo el país. En noviembre de 2006 se habían concluido 2113 de estos consultorios populares. 3853 estaban planificados o en construcción.
Además la asistencia básica es ampliada mediante los Centros Diagnósticos Integrales (CDI) – que cuentan con un quirófano y unidad de cuidados intensivos -, así como las Salas de Rehabilitación Integral (SRI), los Centros de Alta Tecnología (CAT) y las Clínicas Populares, para garantizar el acceso gratuito a los análisis clínicos, las terapias de rehabilitación y la asistencia médica intensiva (Barrio Adentro-2). Está prevista un CDI y un SRI por cada 10 Consultorios Populares. Aproximadamente la mitad de los CDI planeados (254 de 600) y de los SRI planeadas (342 de 600) ya están construidos. De los 35 CAT previstos, 11 ya han sido inaugurados, mientras que 11 de las 12 Clínicas Populares han comenzado ya a funcionar. En agosto de 2005 se inició la difícil reforma de los hospitales ya existentes (Barrio Adentro-3). Barrio Adentro-4, la construcción de 16 hospitales especializados dotadas de la más alta tecnología, se inició en agosto de 2006, con la inauguración de un hospital de Cardiología Infantil, en el que podrán ser operados gratuitamente niños y niñas de toda Latinoamérica con anomalías cardiacas congénitas.
Para poder sustituir a medio plazo a los médicos cubanos por facultativos venezolanos, el Estado está realizando una ingente labor en lo que se refiere a la formación de personal sanitario. Actualmente se ofrece en seis universidades una nueva carrera de 6 años en Medicina General Integral. En total hay 17.000 estudiantes matriculados, procedentes de los barrios y las comunidades rurales, que han sido enrolados por el programa universitario Misión Sucre. Además unos 3.000 médicos titulados se especializaron como doctores en Medicina General Integral gracias a una formación adicional de 30 meses. Ambas formaciones están centradas en los puntos de consulta de la asistencia primaria. Los voluntarios que apoyaron desde un principio la labor de los médicos cubanos también están siendo integrados en programas de formación, con el objeto de que realicen el bachillerato y obtienen posteriormente un título sanitario (defensor o defensora de salud) después de 3 años de estudio. Así pueden aprender la parte teórica de las actividades prácticas que diariamente realizan bajo la tutela de un médico cubano.
Es difícil no percibir el orgullo de los miserables por la parcelita de poder que han alcanzado. En cierta ocasión, un político dijo que si se comparan las manifestaciones de la oposición y las de los chavistas, llama la atención que los primeros pueden sonreír abiertamente ante las cámaras, mientras que cuando lo hacen muchos de los chavistas se tapan la boca con la mano. Ello se debe a que los ricos opositores cuentan con una dentadura perfecta, mientras que los chavistas se avergüenzan del mal estado de sus dientes. Además de la atención odontológica prestada ahora en los consultorios populares, en noviembre del año pasado fue anunciada la Misión Sonrisa, el programa para las prótesis dentales gratuitas. No es difícil predecir que las sonrisas abiertas se verán pronto con mayor frecuencia en los manifestantes de las calles de Caracas, pero quizás dentro de poco van desaparecer desde las calles de Berlin en los beneficiarios de ayuda social en Alemania, uno de los países más ricos del mundo. Y es que también aquí la limitación de las reservas destinadas a la clase baja se debe a fin de cuentas a su violenta exclusión de la riqueza del conjunto de la sociedad.
· Wolfram Metzger es médico y co-autor de un informe técnico de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) sobre el nuevo sistema público de salud venezolano. El informe puede ser consultado en trés idiomas en la dirección http://www.ops-oms.org.ve/
