Quién lo iba a decir, la virginidad se está volviendo a poner de moda como suele ocurrir con la minifalda, los OVNIS, las apariciones de la virgen o los milagros que le acomodan al Vaticano. Bendita coincidencia, – nada detiene ni el progreso ni los avances del mercado -, ahora la virginidad se compra. Los métodos difieren según el país y el billete con el que se cuenta. En una clínica extremadamente privada, ubicada en los Campos Elíseos, París, Francia, te devuelven un himen intacto (en fin, como si…) por la módica suma de cuatro mil euros.
El tiempo de zurcir un par de puntitos y puedes darte el lujo no sólo de comprar el vestidito blanco de tus sueños sino incluso lucirlo el día de tu boda sin temor de sufrir el bochorno de la heroína de “Crónica de una muerte anunciada”. Los cirujas del caso garantizan hasta la manchita en la sábana que sirve de prueba de lo inmaculado de tu estado prenupcial. Otro método, un pelín más económico, consiste en golpearse el pecho en plan Hermanos Penitentes. Para hacerse perdonar sus pecadillos estos chatos practican penitencias como la flagelación, llevar cruces pesadas, atarse los miembros para dificultar la circulación de la sangre y otras diversiones tan dicharacheras como las que te cuento. Los miembros del Opus Dei y los políticos yanquis son especialistas. Bill Clinton vino a arrepentirse publicamente en la tele de no haber sabido que la felación y el consumo de habanos perfumados a la panocha fresca pudiesen ser considerados una forma de relación sexual, con la ventaja que no requieren los servicios de la clínica de los Campos Elíseos. Gracias a ese ejercicio extremadamente espiritual (la penitencia digo, no el habano) Bill Clinton recuperó su virginidad política y ahora multiplica las conferencias en las que explica las ventajas del dry cleaning. Robert Ney, representante de Ohio en el Congreso, no tuvo esa suerte. Hace cuatro años Mr. Ney tuvo su cuarto de hora de gloria cuando le cambió el nombre a las papas fritas en la cafetería del Congreso en Washington. Las “french fries” (fritas francesas) se transformaron en “freedom fries” (fritas de la libertad) justo para castigar a los gabachos que rehusaron participar en la invasión de Irak. Hace unos días Mr. Ney no tuvo tiempo ni de golpearse el pecho cuando la justicia yanqui lo condenó a treinta meses de prisión firme por delitos de corrupción. Se ve que Mr. Ney se equivocó de país. ¡Tenía que haberse candidateado en Chile! Otros chatos son más afortunados. TIME Magazine dice que en Washington se asiste a una verdadera procesión de confesiones y que “Estos son días de absolución en la capital de los EEUU”. Entre quienes buscan el perdón y una recobrada virginidad están los canditatos a la candidatura republicana Rudy Giuliani, John Mc Cain y Newt Gingrich, quienes junto con haberse casado unas cuantas veces han confesado publicamente haber cometido adulterio lo que no tendría nada de raro si no fuese porque predican un cristianismo integrista y condenaron en su día al pobre Bill Clinton que no hizo sino soportar estoica y pasivamente un cariñito en plan cómeme perro. El mismo TIME Magazine dice que en Washington los escándalos se comportan como el cáncer porque presentan metástasis, o sea que crecen y se multiplican sin control hasta que ya nadie recuerda cual fue el escándalo original. No hay que ser un lince para darse cuenta que cualquier parecido con lo que ocurre en la copia feliz del edén no es pura coincidencia. Hablando de golpearse el pecho como método para recuperar la pureza original, el discursito de Michelle a propósito del Transantiago no tuvo nada que envidiarle a las jeremiadas de los líderes del norte. El estilo, el tono y el objetivo hicieron recordar a un tigre llamado Alberto Gonzalez, ministro de justicia del imperio, quién acaba de confesar haber obrado mal al sustituir personal competente por secuaces obsecuentes pero haberlo hecho siempre de buena leche y pensando en el bienestar del pueblo de los Estados Unidos, ni falta que hacía, como si algún mal pensado hubiese podido imaginar lo contrario. Nuestros patriotas locales, siempre dispuestos a sacrificarse en alguna sinecura pública o privada, o mejor aún, en algún pituto que combina ambas ventajas, tienen trabajo de aquí al 2010 para recobrar la imagen de vestal que conviene a sus modestas ambiciones. Si es evidente que a los esbirros de la dictadura no les bastaría con un zurcido japonés, no es menos cierto que hay más de un “disponible” concertacionista al cual habría que hacerle un encamisado, un rectificado y un ajuste mecánico antes de cambiarle las bujías y rectificarle el distribuidor para dejarlo “estándar”. No, yo no he mencionado ni a Lagos ni a Insulza. ¡Coño, no jodas!