Juegos peligrosos

 Con una curiosa unanimidad algunos medios de prensa, portavoces del gobierno, grandes empresarios y uno que otro hocicón pagado estuvieron anunciando el fin del mundo para el 29 de marzo, fecha en la que de modo más bien confidencial se conmemora el llamado “Día del Joven Combatiente”(sic).

En día como tal la policía uniformada asesinó a dos jóvenes hermanos, y luego pretendió – como solía ocurrir en la época de la dictadura que apoyaron Novoa, Longueira, Lavín, Larraín & Larraín y tantos otros secuaces de igual ralea -, que los dos niños habían muerto en desigual combate durante el cual los carabineros, a pesar de encontrarse en inferioridad física y numérica, habían logrado la victoria al precio de un heroísmo sin límites. Se suele afirmar que la policía está allí para defender a la población de los delincuentes pero lo que nadie sabe hasta el día de hoy es quién carajo nos defenderá de la policía. El editorial de la revista EL PERIODISTA del viernes pasado hacía referencia a las frecuentes ocasiones en las que efectivos de carabineros se encuentran del lado de los bandoleros. Que en ello no hagan sino imitar a la elite transversal que nos desgobierna no es pretexto ni justificación aceptable. Hoy, El Mercurio titula: “Turbas de escolares atacaron a carabineros por seis horas seguidas en el centro”. Nótese que los escolares atacan en “turbas”, y no en pelotón o en patrulla, se ve que no han hecho su servicio militar y por eso terminan baleados en la nuca como los hermanos Vergara Toledo. El citado diario dice que “Violento Día del Joven Combatiente dejó a 22 policías heridos” y precisa que en el día de ayer hubo “545 detenidos y graves destrozos por vandalismo”. El diario La Tercera anuncia que “La marcha para protestar por el Transantiago y el sistema educacional terminó con más de 603 detenidos”. La Segunda, filial putativa del Mercurio, afirma que el “Día del joven combatiente dejó un saldo de 819 detenidos en todo Chile”. Claro como el agua de roca visto que de 545 a 819 la cantidad de detenidos fluctúa en más de un 50%, son las mismas cuentas de la dictadura que nunca detuvo a nadie. Y ya no se sabe si se trató de una legítima “marcha de protesta por el Transantiago y el sistema educacional”, o de vandalismo puro provocado por el Día del Joven Combatiente. Los anunciadores de desgracias, los pájaros de mal agüero, los portavoces de la campaña del terror, los oráculos del infortunio, los agitadores de malas conciencias parecen obrar de consuno para crear una psicosis que justifique el uso de la represión. Porque si se tratase de castigar a los generadores de desorden habría que partir por encanar a su majestad don Ricardo Lagos y a los genios que designó para concebir el Transantiago. Si se tratase de reprimir a quienes desesperan al personal al punto de provocar desmanes habría que enviar a chirona a Nicolás Eyzaguirre y a su sucesor Andrés Velasco, y a quienes se robaron las platas de los Planes de Generación de Empleo, y a los altos cargos que escupen la dignidad de quienes se queman a lo bonzo para reclamar trabajo o una vivienda digna, y a los delincuentes del MOP-GATE, y a los altos cargos que después de cortarla a cincel en la administración pública se pasan al sector privado para seguir mangando, y a los secuaces de Inverlink premiados con cargos de embajador por el mismo Ricardo Lagos. ¿Se me olvidan muchos? No es culpa mía si la desvergüenza es la regla y la honradez y el civismo valores pasados de moda. Como quiera que sea, quienes apuestan a provocar y a justificar una masiva represión de las legítimas protestas ciudadanas están jugando un jueguito peligroso. Nuestra historia reciente muestra que campaña del terror y sedición van de la mano. Desde luego no ayuda que el gobierno se comporte como el avión en el que no había piloto, ni que los líderes de los partidos de la Concertación pasen más tiempo en los Tribunales de Justicia, o dándose de patadas, que jugando el eminente papel que debiese ser el suyo. Un día un senador socialista sugiere un cambio de gabinete, al día siguiente el presidente de la murga descarta tal posibilidad de mala manera, al tercer día se produce el cambio de gabinete y al cuarto día el mismo presidente de la misma murga celebra con entusiasmo el cambio de gabinete. Parece mentira pero esto no se inventa. Este gobierno se apoya, se asienta, se sostiene, en este tipo de liderazgo si podemos llamar a la evanescencia intelectual de ese modo. Afortunadamente la esperanza es lo último que se perdió. Las almas optimistas se dicen que no hay mal que por bien no venga y destacan que siendo presidente de la república es imposible nombrar ministro a Michelle, lo que ya disminuye los riesgos. Pos bueno, pos vale, pos me alegro. Algo es algo.