Cuando la tarjeta Bip o el dinero plástico, reemplace totalmente el papel moneda y los chilenos estemos insertos absolutamente en el mundo Global, todo el mundo tendrá como fenómeno referente al actualmente vilipendiado plan Transantiago y a la varita mágica llamada tarjeta Bip. Habrá un antes y un después de la Bip.
Entonces los que hacen oportunismo político, intentando sacar ventajas de los errores no forzados que se han cometido en la implementación de esta política pública, se harán humo y nadie recordará siquiera que aquellos fueron públicos detractores, ni ellos querrán que se les recuerde en ese trance. Los chilenos se vanagloriarán del sistema de transporte como lo hacen actualmente con el Metro. Por algo ya se habla de la cultura Metro y al parecer nadie hace la distinción, que el Metro es la médula del Transantiago.
Roberto Avila, al cual solo conozco como columnista de este diario electrónico, en su última nota, nos entrega un texto delirante, comparando la tarjeta Bip con las odiosas tarjetas que se usaban en las pulperías de las salitreras, echando mano a una tragedia que sufrieron miles de obreros salitreros para ilustrar sus erróneas afirmaciones.
Este concejal PS, que adjunta a sus notas, la calidad de miembro del comité central del PS, que es el mismo partido que forma parte de la coalición gobernante que está llevando adelante la implementación del nuevo supermoderno sistema de transporte y que es presidido por una, quien también es PS, claramente no parece creíble. Esto aquí y en la quebrada del ají es una incongruencia, que por lo demás es advertida a la primera vista de sus argumentos. No se puede estar con Dios & con el Mandinga.
La tarjeta que manejaba el famosísimo pulpo, no era la forma natural en que se transaba entonces en el mercado, en cambio la tarjeta magnética es desde hace mucho, una forma de uso común. No son situaciones comparables si es que nos atenemos voluntariamente a la implacable lógica. Paradójicamente para sus puntos de vista, esta tarjeta “infamante”, la han usado primero los ricos y es ahora, merced al plan llamado Transantiago, que precisamente será usada por el pueblo en forma masiva. De manera que esta, en vez de cautivar el consumo en un sector específico, lo que está haciendo, es todo lo contrario, con esta multifacética tarjeta, se podrían comprar flores exóticas en Senegal si es que se quisiera. Para los pobres será más fácil distinguir las contradicciones, la tarjeta bip, será una visionaria carta Gant.
Ciertamente que también es inadecuado confundir deliberadamente la tarjeta Bip con una tarjeta de crédito. La tarjeta bip representa un valor que ya poseemos. Lo demás es oscuridad.
No soy partidario del sistema neoliberal que se aplica en nuestro país, no voto por la Concertación que es la alianza que lleva a cabo estas políticas económicas ultra-liberales. Sin embargo creo, que no se puede caer en la chacota simplista de estar criticando lo puntual, sobretodo cuando se incurre para ello en errores pueriles.
Con todo, estoy seguro, que el Transantiago es un enorme progreso para el pueblo y me atrevo a afirmar, que es una forma de democratizar el transporte público. Es el pueblo el que tiene acceso real y concreto a un adelanto en esta nueva forma de transportarse que le traerá ahorro de tiempo mejorando su calidad de vida y sobretodo será relevante, la manera instantánea de entender su estado de miseria y explotación, cuando deba guardar el 33% de su sueldo para movilizarse. Además me parece que es un hecho inédito, el que una política pública, se aplique, domesticando a los empresarios. Notable me parece, que el trabajador del transporte, ahora solo deba defender su salario y no sea incentivado por boleto cortado como antaño, en que se fundían sus intereses con el del empresario autobusero. Ya nunca más escucharemos ” córranse por el pasillo y paguen con sencillo” Tal vez dirán “ no hay más, tomen la micro que viene atrás”. Acaso el trabajador del transporte público, será más decidido en una eventual movilización sindical, aplicando su fuerza a un sistema de transporte, que evidentemente será más vulnerable a una acción reivindicativa.
Roberto Avila, al cual solo conozco como columnista de este diario electrónico, en su última nota, nos entrega un texto delirante, comparando la tarjeta Bip con las odiosas tarjetas que se usaban en las pulperías de las salitreras, echando mano a una tragedia que sufrieron miles de obreros salitreros para ilustrar sus erróneas afirmaciones.
Este concejal PS, que adjunta a sus notas, la calidad de miembro del comité central del PS, que es el mismo partido que forma parte de la coalición gobernante que está llevando adelante la implementación del nuevo supermoderno sistema de transporte y que es presidido por una, quien también es PS, claramente no parece creíble. Esto aquí y en la quebrada del ají es una incongruencia, que por lo demás es advertida a la primera vista de sus argumentos. No se puede estar con Dios & con el Mandinga.
La tarjeta que manejaba el famosísimo pulpo, no era la forma natural en que se transaba entonces en el mercado, en cambio la tarjeta magnética es desde hace mucho, una forma de uso común. No son situaciones comparables si es que nos atenemos voluntariamente a la implacable lógica. Paradójicamente para sus puntos de vista, esta tarjeta “infamante”, la han usado primero los ricos y es ahora, merced al plan llamado Transantiago, que precisamente será usada por el pueblo en forma masiva. De manera que esta, en vez de cautivar el consumo en un sector específico, lo que está haciendo, es todo lo contrario, con esta multifacética tarjeta, se podrían comprar flores exóticas en Senegal si es que se quisiera. Para los pobres será más fácil distinguir las contradicciones, la tarjeta bip, será una visionaria carta Gant.
Ciertamente que también es inadecuado confundir deliberadamente la tarjeta Bip con una tarjeta de crédito. La tarjeta bip representa un valor que ya poseemos. Lo demás es oscuridad.
No soy partidario del sistema neoliberal que se aplica en nuestro país, no voto por la Concertación que es la alianza que lleva a cabo estas políticas económicas ultra-liberales. Sin embargo creo, que no se puede caer en la chacota simplista de estar criticando lo puntual, sobretodo cuando se incurre para ello en errores pueriles.
Con todo, estoy seguro, que el Transantiago es un enorme progreso para el pueblo y me atrevo a afirmar, que es una forma de democratizar el transporte público. Es el pueblo el que tiene acceso real y concreto a un adelanto en esta nueva forma de transportarse que le traerá ahorro de tiempo mejorando su calidad de vida y sobretodo será relevante, la manera instantánea de entender su estado de miseria y explotación, cuando deba guardar el 33% de su sueldo para movilizarse. Además me parece que es un hecho inédito, el que una política pública, se aplique, domesticando a los empresarios. Notable me parece, que el trabajador del transporte, ahora solo deba defender su salario y no sea incentivado por boleto cortado como antaño, en que se fundían sus intereses con el del empresario autobusero. Ya nunca más escucharemos ” córranse por el pasillo y paguen con sencillo” Tal vez dirán “ no hay más, tomen la micro que viene atrás”. Acaso el trabajador del transporte público, será más decidido en una eventual movilización sindical, aplicando su fuerza a un sistema de transporte, que evidentemente será más vulnerable a una acción reivindicativa.
Las nuevas relaciones económicas,- relaciones de producción por cierto- traen la oportunidad de nuevas formas de enfrentarlas. No hay que temerle al progreso. Lo contrario es ser reaccionario en el sentido profundo de la palabra.
