Antes que se desencadenara la carnicería pinochetista, existían los derechos que resguardaban la vida y la verdad para todos los habitantes de nuestro extraño país. Fueron más de 10 mil recursos de protección que se presentaron en las cortes, con el ingenuo propósito de detener la voracidad con que los militares de Chile cumplían sin cuestionarse las órdenes de sus sanguinarios mandos y para los que aún no se han enterado, fueron sistemáticamente rechazados por los jueces. Entiendo que acogieron uno o dos de los millares de recursos presentados ante ellos.
Resulta verdaderamente vergonzoso, ver en los hechos, las genuinas intenciones de los que hacen la política. Tal parece que es aconsejable solucionar el “problema de los uniformados” que deben pasearse a declarar en los tribunales en muchos casos de “secuestro” que al parecer no tienen solución, y naturalmente echar por la borda las investigaciones que en muchos casos tienen cercados judicialmente a los asesinos, en contados y largos procesos.
De qué nos sirven las normas si las violamos. De qué sirven las declaraciones de intenciones si en los hechos las cambiamos. De que sirven los jueces que deben actuar iluminados por la virtud, si aún no son capaces de vencer el vicio en que cayeron sus antecesores.
Ha muerto Pinochet, el autor: Resultado de la gestión de los actuales jueces, cero. Resultados de gestiones gubernamentales, cero. Resultado de gestiones de los principales inculpados – léase el ejército de Chile -, cero. Entonces, querido Salvatierra, de qué nos están hablando?
