Ante tanto desaguisado los representantes de la derecha latinoamericana buscan una salida. Sin embargo lo hacen escorandose hacia la extrema derecha. Obligados a recomponer las estructuras partidistas, el siglo XXI no responde a los postulados que los asesores estadounidenses vendieron en sus cursos de formación y que una parte de las élites latinoamericanas compraron como ingeniería y ciencia política. Allí se enseñaban tipologías sin rigor teórico como partidos “atrápalo todo” o “cartel”. Categorías, eso sí, para que avezados profesionales hicieran carrera y terminaran siendo diputados, senadores, alcaldes, concejales y repitieran como loros el lenguaje neoliberal.
Hoy, ante tanta crisis de la derecha, sus élites, levantan un proyecto de partido de masas antidemocrático fundado en los restos del neoliberalismo. Sus futuribles dirigentes son parte del propio sistema imperante. Pertenecen al orden sistémico. Liberales, conservadores y demócrata- cristianos. Lo que tienen en común es su anti-comunismo y su renuncia a los valores sociales, éticos y económicos de la democracia política. Sólo que ahora hacen gala de dicha renuncia. Para ellos, la democracia es un lastre. Son partidarios de gobiernos fuertes y prefieren la estabilidad económica a los derechos políticos de los ciudadanos. Por eso reivindican figuras como Ubico, Estrada Cabrera, Porfirio Díaz o Pinochet. Para muestra, las palabras del actual ministro de Asuntos Exteriores de la presidenta de Chile Michelle Bachelet, Alejandro Foxley, quien afirma sin sonrojarse: “Pinochet realizó una transformación sobre todo en la economía chilena, la mas importante que ha habido en este siglo. Tuvo el mérito de anticiparse al proceso de globalización que ocurrió una década después, al cual están tratándose de encaramarse todos los países del mundo. hay que reconocer su capacidad visionaria y la del equipo de economistas que entró a ese gobierno el año de 1973″. Sin comentarios.
El fundamento del proyecto pretende unificar los partidos de la derecha bajo el nombre genérico de partido popular. Es el desarrollo de un populismo, el único posible, el de la derecha extrema. La financiación para encarar la propuesta de unificación corre a cargo de fundaciones europeas y del grupo popular del parlamento europeo, siendo apadrinado por José María Aznar, su fundación y la propia Condoleza Rice. El laboratorio sería Chile donde ya el nombre es propiedad de los amigos de Aznar es decir la democracia cristiana, extendiendose mas tarde en Venezuela, Centroamérica, Cuba, República Dominicana, Colombia, Ecuador y Paraguay.
Más allá de las diferencias existente entre sus posibles articuladores del proyecto, el nuevo partido trata de movilizar un voto militante en tiempos de abstención. Así, estamos en presencia de una involución que marca el quehacer de las élites políticas de las clases dominantes formadas en los años ochenta. La derecha latinoamericana parece haber concluido un ciclo, gobierne o este en la oposición. Hoy por hoy y por primera vez, la democracia deja de ser parte de su discurso y sus dirigencias asumen sus consecuencias: una involución en sus principios políticos y además son conscientes . Ahora prometen orden y progreso, gobernanza. Por ello llaman a zafarrancho. Muerte a la democracia y a sus defensores. ¿Volverán los golpes de Estado?.
