Su figura ya no es la de un joven batallador por las reivindicaciones profesionales (de las cuales es un maestro estratega), porque los años no pasan en vano. Tiene algo así como 80 años de edad, pero se mantiene tan erguido como los que sienten la frente limpia y la vista puesta en el futuro; y tan confiado/sereno como los grandes luchadores dispuestos a entrar en combate en cualquier momento, sabiendo que la victoria será difícil, pero que al final estará de su lado.
Hernán Uribe Ortega es el periodista consecuente que representa a todos los periodistas, sean chilenos o latinoamericanos de cualquier país o condición. Toda su vida la ha dedicado a defender la profesión, la dignidad de la profesión, con la mirada auscultadora siempre lista y con la visión interior siempre presta para descubrir a los falsos periodistas. Por lo tanto, recto y honesto, generoso y tolerante.
Su pluma la ha manejado con maestría como la espada de los caballeros. O la ha usado con la suavidad del terciopelo para describir, alentar y estimular los actos y cosas bellas de la vida. Porque Uribe Ortega es un culto notario de la vida, un soñador de los buenos. Y sus pares profesionales deberían reconocérselo así.
Es el único que nos queda vivo de aquella primera dirigencia del Colegio de Periodistas de Chile, elegida tras su fundación en 1956. Era el más joven de esa camada de gremialistas visionarios. Y hace sólo unos años fue elegido también para similar directiva, pero como el más veterano. O sea, un periodista-gremialista de una sola línea, de una sola vocación.
Pero, además, Hernán Uribe Ortega tiene la energía de los jóvenes para ejercer cargos directivos en la Federación Latinoamericana de Periodistas (FELAP), desde el momento de su fundación. Y hoy es el activo Presidente de la Comisión Investigadora de Atentados a Periodistas (CIAP), cuyos informes anuales, minuciosos y rigurosos, no sólo sirven de efectiva denuncia, sino también de fuente informativa segura y confiable.
Uribe camina hoy con la tranquilidad que le caracteriza. La panorámica y certera visión de sus comentarios nos recuerda al analista que conocimos en nuestros comienzos profesionales. Y, además, mantiene el agudo e inteligente humor del que sólo hacen gala los que manejan la agilidad mental con lucidez y energía.
Cuando se cumplieron los 50 años del Colegio de Periodistas, hace unos meses, parece que nadie se acordó de uno de los grandes dirigentes que ha tenido la Orden. Hoy, cuando me reencuentro con él tras mi retorno después de unos cuantos años en otras latitudes, no sólo le hago como homenaje este modesto pero sincero recuerdo público, sino que manifiesto mi enorme orgullo de ser considerado por él como un colega y un amigo.