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Agosto 19, 2026

La izquierda y el cansancio ético

Preocupación y tristeza causa  la separación que algunos intelectuales de izquierda  realizan entre ética y política. En especial cuando  justifica la corrupción del carácter. Sus hacedores parecen renunciar  al ejercicio crítico de la razón para justificar lo injustificable. Su apuesta  abraza un discurso corrosivo para las nuevas generaciones que buscan fundamentos para la construcción de proyectos alternativos. 

Su pedagogía incita al delito y el mensaje al fraude: se puede  robar, mentir, ser un violador, matar, enriquecerse, no menos que pactar con  torturadores y narco traficantes, nada  impide seguir en la izquierda. Da lo mismo que da igual.

El pragmatismo  subsume la ética.  Es un  pensamiento borroso. Los actos políticos no tienen consecuencias políticas, solo penales. Es mejor no pensar, derivar la responsabilidad política hacia el electorado, al denominado  voto de castigo. Debe ser el soberano quien de la espalda a los corruptos. Si la izquierda realmente existente roba, viola, y es corrupta, es nuestra y preferible a la derecha. Cuestión  que olvidan,  nos pone al mismo nivel de estercolero.

Si emergen  proyectos críticos donde el factor ético emerge con fuerza se les margina por no ser pragmáticos y perder de vista el neoliberalismo imperialista que nos asecha. Es mejor aplazar la crítica. Y uno se pregunta: ¿para cuándo?.  Estoy seguro que ni José Martí, ni Sandino, ni Salvador Allende  tuvieron cola que  pisar. Su vida fue ejemplar. Y como ellos miles  en Nicaragua, Venezuela, Bolivia, Chile, Argentina, Cuba, o Perú. Sólo que están en el anonimato y configuran el ejercito de militantes en las fábricas,  las minas, el campo o la maquila. Si la explotación capitalista destruye, entre otras cosas, la conciencia del ser humano, unir ética y política es una bandera irrenunciable.  ¿Bajo qué principio se puede robar al erario público y seguir siendo de izquierdas? ; ¿Cómo se puede dejar libre a torturadores y predicar la justicia social?. 

Solo cabe  vergüenza ante la traición. En sí, lo dicho supone la renuncia a la lucha por la democracia, la liberación y el socialismo. Los corruptos no son nuestros ahora ni lo serán nunca. La izquierda no tiene nada  en común con personajes o partidos que tras años de luchas en la clandestinidad acaban ejerciendo el poder como  líderes millonarios  construyendo mansiones,  pisos de lujo y  cuentas bancarias en paraísos fiscales. Los casos son muchos.

En la lucha por la liberación y el socialismo,  ética y política navegan y constituyen parte de un mismo proyecto: el bien común y el sentido social del quehacer militante  de la izquierda. Ya en el siglo XIX, cualquier desliz, violencia de género, ir borracho, no acudir a las reuniones, todos ellas, conductas poco honorables  acarreaban pública condena y expulsión de la militancia. Y lo mas importante, la ciudadanía tenía clara la diferencia entre derecha e izquierda. Advertía la coincidencia entre capitalista, ser corrupto y participar de  los pecados de la carne. Sin embargo entendía la distancia que separaba a un socialista, un demócrata, un comunista de tales miserias. Su vida  era  un aval para el comportamiento ético y tenía una  carga de compromiso social inexcusable. En este último coincidían la crítica del capitalismo y el rechazo de la explotación del hombre por el hombre. Tal es verdad, que el  capitalismo interiorizó esta premisa   para demostrar su falsedad. Es decir, presentó al militante  de izquierda como  un ser ávido de compartir las mieles del capitalismo consumista. Un ser con doble moral. ser comunista y vivir como burgués. Con este argumento  descalifica  a la izquierda en los países occidentales y lo hizo en los países del Este en tiempos de guerra fría. En otros términos la carne es débil y se corrompe. Los comunistas quieren  disfrutar de la buena vida solo posible en la economía de mercado. En este sentido, las fuerzas defensoras  del capitalismo no tienen miedo en  asumir conductas corruptas y realizar vilezas a cambio de aumentar sus cuentas bancarias  y ejercitar el poder. Los capitalistas  no se avergüenzan. Por tanto, que la izquierda caiga en las redes del vil metal, del oro,  no es para tanto, poderoso don es don dinero. es cosa de acostumbrarse. la primera vez duele, luego se disfruta. Compra voluntades, conciencias y desde hace algunos años proyectos políticos.

Este mensaje lanzado desde la derecha tiene un lema  sencillo: disfruta el momento y no te dejes llevar por la conciencia. Hoy se firma un pacto de no agresión. Tu no sacas tus corruptos y yo no ventilo los tuyos. Una izquierda institucionalizada Parece estar cansada de luchar, prefiere un pacto de no agresión , vivir en pecera ajena. Participar del festín, se conforma con un acta de diputado o senador. Prefiere tener coche oficial e influencias, lo necesario para medrar y hacerse rico.

Banqueros, empresarios y políticos de la derecha bailan su triunfo. La socialdemocracia y la mal llamada izquierda  moderna en América latina y Europa occidental responden a esta dinámica. Resulta irónico que  el PSOE se presentase a las  elecciones de 1978 con un lema: cien años de honradez. Este mensaje  trasmitía un comportamiento ético  como aval  histórico. Bastaron diez años de gobierno  para dilapidarlo y hacer trizas  un patrimonio perteneciente a todo el movimiento obrero internacional de lucha por la liberación, el socialismo y  la emancipación en la cual confluyen ética y política. Pasará tiempo en España antes que sea  creíble unir honradez, izquierda , ética y política. Los casos de corrupción suman y siguen en el siglo XXI.

Sin  ejercer la crítica, por inoportuna y tíldados de hacer  el juego a la derecha, los indicadores de esta contradicción están siendo descalificativos o marginados. Se debe romper este circulo vicioso y recomponer el debate. Es necesario una pedagogía para  la lucha emancipadora  anti capitalista donde se practique la unidad entre ética y política. Recuperar esta práctica liberadora al decir de Paulo Freire nos pondría en la construcción de la alternativa democrática y por el socialismo del siglo XXI. Amén de explicar la  diferencia entre  derecha e izquierda. Otra cosa es avalar una cultura de la muerte, la razón de la sin razón y el cansancio ético propio del social-conformismo.