Bajo el título “Las mejores cartas a El Mercurio”, el sello editorial El Mercurio-Aguilar nos ofrece una recopilación de cartas al Director de dicho diario en los últimos años. Sin restarle mérito a tal iniciativa, me parece que mucho más novedoso, original y enriquecedor -en especial para quienes leemos el diario todos los días- habría sido que tal publicación contuviera las mejores cartas al Director no publicadas por El Mercurio en igual período.
He de reconocer un interés personal, perfectamente compatible con el interés general, en que ello me permitiera ver publicadas algunas de la innumerables cartas al Director que El Mercurio rehusa caprichosamente publicarme desde hace cerca de 4 años, situación de injustificable discriminación por la que he reclamado en reiteradas ocasiones, sin obtener solución, ni respuesta, ni siquiera un acuse de recibo de parte de dicho medio.
Una buena prueba de lo que afirmo, está en las alrededor de 50 cartas a la Directora que el Diario Siete me publicó durante su corta existencia de un año y algunos meses, todas ellas enviadas simultáneamente al Director de El Mercurio (muchas eran respuestas a cartas, columnas o informaciones publicadas por El Mercurio), sin obtener espacio para ninguna de ellas.
Quizá si la sensibilidad peninsular (Aguilar) tenga algo que aportar en su asociación con nuestro decano, el diario El Mercurio. Hay que decir que el poder de esta empresa periodistica (que junto a COPESA, igual de derechista, pinochetista y antidemocrática, conforman la totalidad de la prensa escrita chilena, la que, aunque sea dificil de creer, exhibe hoy en día mucho menos pluralismo que durante la Dictadura de Pinochet, siendo la más pobre de Ibero América), es absolutamente apabuyante. El ex Presidente Lagos habló del servicio a “una misma tribu” y calificó a El Mercurio como “el resumidero” de todas las ofensas dirigidas al Presidente de la República.
Desgraciadamente, nada ha cambiado y la agenda política chilena sigue estando determinada por estos dos gigantes -nuestros Rupert Murdoch- y la actitud pusilánime y acomodaticia de la coalición gobernante, que -después del gran triunfo ciudadano del plebiscito de 1988- dio la espalda a la ciudadanía y se adaptó a la antidemocrática institucionalidad legada por la dictadura, que le permite eternizarse en el poder cogobernando con la derecha, merced a los artificios de un sistema electoral antidemocrático (binominal, i.e., 66%=33%), quorums especiales para reformar la institucionalidad pinochetista, distribución de las circunscripciones electorales en base a las conveniencias de la derecha con total desigualdad en el valor del voto de los distintos ciudadanos, etc..
Ante ello, hay que decir que, mientras no arribemos a una institucionalidad democrática que nos represente a todos, a través de una Asamblea Constituyente cuyos integrantes no puedan postularse en las primeras elecciones subsiguientes o, en su defecto, mediante un plebiscito con alternativas serias y no una parodia de acto cívico como aquel de 1980 (fraudulenta aprobación de la Constitución de Pinochet, aún vigente), nuestro proceso de transición a la democracia seguirá en suspenso.
Una buena prueba de lo que afirmo, está en las alrededor de 50 cartas a la Directora que el Diario Siete me publicó durante su corta existencia de un año y algunos meses, todas ellas enviadas simultáneamente al Director de El Mercurio (muchas eran respuestas a cartas, columnas o informaciones publicadas por El Mercurio), sin obtener espacio para ninguna de ellas.
Quizá si la sensibilidad peninsular (Aguilar) tenga algo que aportar en su asociación con nuestro decano, el diario El Mercurio. Hay que decir que el poder de esta empresa periodistica (que junto a COPESA, igual de derechista, pinochetista y antidemocrática, conforman la totalidad de la prensa escrita chilena, la que, aunque sea dificil de creer, exhibe hoy en día mucho menos pluralismo que durante la Dictadura de Pinochet, siendo la más pobre de Ibero América), es absolutamente apabuyante. El ex Presidente Lagos habló del servicio a “una misma tribu” y calificó a El Mercurio como “el resumidero” de todas las ofensas dirigidas al Presidente de la República.
Desgraciadamente, nada ha cambiado y la agenda política chilena sigue estando determinada por estos dos gigantes -nuestros Rupert Murdoch- y la actitud pusilánime y acomodaticia de la coalición gobernante, que -después del gran triunfo ciudadano del plebiscito de 1988- dio la espalda a la ciudadanía y se adaptó a la antidemocrática institucionalidad legada por la dictadura, que le permite eternizarse en el poder cogobernando con la derecha, merced a los artificios de un sistema electoral antidemocrático (binominal, i.e., 66%=33%), quorums especiales para reformar la institucionalidad pinochetista, distribución de las circunscripciones electorales en base a las conveniencias de la derecha con total desigualdad en el valor del voto de los distintos ciudadanos, etc..
Ante ello, hay que decir que, mientras no arribemos a una institucionalidad democrática que nos represente a todos, a través de una Asamblea Constituyente cuyos integrantes no puedan postularse en las primeras elecciones subsiguientes o, en su defecto, mediante un plebiscito con alternativas serias y no una parodia de acto cívico como aquel de 1980 (fraudulenta aprobación de la Constitución de Pinochet, aún vigente), nuestro proceso de transición a la democracia seguirá en suspenso.
Desafortunadamente, el gusto por el poder a hecho perder toda sensibilidad ciudadana a nuestros “representantes”, quienes, al parecer, no habrán de despertar sino ante el clamor de, “¡Que se vayan todos!”, el que, si en Chile no es inminente , está sin duda más cercano que el fin de la transición y el arribo a una democracia plena.
rcardenas@adsl.tie.cl
