Sin embargo, insisto, por sobre todo aquello, lo que más llamó mi atención fue esos mundos que había en su escritura, acaso en su vida, que la hacían distinta al común de los mortales, y que, no tengo dudas, la harán perseverar en este oficio solitario de la escritura, donde parece pertenecer desde siempre y donde transcurrirá su vida sin persiste en este cada vez menos noble oficio.
Sí, Daniela Pérez-Valdés tiene un talento poco común, siente la creación en forma de música, de silencio, de esa necesaria obsesión, ironía, y una tenue tragedia que deslindan sus personajes oníricos, que son de tanto en tanto mariposas oscuras pero también multicolores.
Hay en ella ángeles y demonios, que encarna en una galería de personajes juveniles y adultos, en un juego lúdico, que en lo sucesivo ensueñan y alucinan en la frontera de la razón, se desmarcan de la realidad material para entrar a los laberintos del alma, oscuridad donde la promisoria escritora se mueve con soltura de oficio, y echa a volar las mariposas, que nunca, a decir verdad, son negras, sino hasta transparentes, como figuran en la portada de su primera obra literaria.
En esta selva del inconsciente, que a ratos estremecen, pululan personajes que, en vez de hacernos sentir rechazo, nos conmueven con un elevado placer, con un goce enorme de estar descubriendo a una escritora nueva, de verdad, que se pasea con historias fascinantes, fuente de sueños y realidad, simbiosis de magia y sentimientos, que ayudan a transitar por bosques y paisajes celestes, que revolotean en habitaciones y espacios que se sienten, que palpitan como lenguas de un volcán.
La narrativa de Pérez-Valdés es numinosa, cargada de vibraciones y fuerza psíquica. La autora, comienza su camino en un universo prodigioso, abre las jaulas para que sus personajes – y ella misma- peregrinen decididos a todo, de espalda a las tradiciones, y el lector es absorbido por el mundo extraordinario que nos inunda, quedando adentro de las peripecias, fagocitado por ese lenguaje que, a ratos, no es de la razón pura, sino de la voz abismal, esa que esperamos y que nos traslada de manera mágica a una geografía parecida a la de un sueño, pero que vivimos a la manera de un instante feliz, a través de un prosa llana, económica, briosa y torrente, que no dejan tiempo para el aburrimiento.
En esta su primera novela, nadie quedará indiferente. No sólo por encontrar una excelente historia, que se entrelaza con micro relatos, que mantienen una perfecta ilación, sino por el asombro de leer palabras, frases, pensamientos, precozmente lanzados a la atmósfera por una narradora de manos e imaginación asombrosas, que promete convertirse en serio personaje de las letras nacionales.
Hay mucha esperanza en la escritura de Daniela Pérez-Valdés. Hay en su espíritu esa necesaria e indispensable imaginación, esa fuerza necesaria, propia de aquellos escritores que vivirán atrapados el resto de sus días creando, sin saber a ciencia cierta para qué carajos se escribe, sino haciéndolo por gusto, porque definitivamente no puede vivir si no se sienta frente a la maravillosa hoja en blanco.
Con “Mariposas Negras”, comienza públicamente la carrera literaria de esta autora joven. La novela es una excelente tarjeta de presentación, que invita a esperar con ganas sus nuevas producciones de ficción.
