Talvez no sea una imagen muy presentable para los medios de comunicación. Sin embargo, ese silencio, esa premeditada voluntad de ocultar el hecho, esa falta de reacción de sus partidarios, esa omisión culpable de sus adversarios, esa nada después del hecho, es lo que hace pensar que algo realmente importante para la historia del país ocurrió con ese gesto cargado de significación.
El gargajo rumiado durante varias horas de espera y lanzado premeditadamente sobre el transparente cristal que cubría el hinchado rostro de muerto del dictador, de aquel garante de la nueva República, del multimillonario dictador sudamericano, del controvertido gobernante que ostenta una larga lista de adjetivos calificativos que comienza con la de benemérito capitán general y termina con otras no muy amables que han acuñado sus detractores.
Como les iba diciendo, ese gargajo, ese flemático bocado, ese certero pollo sobre el idolatrado difunto, representa definitivamente una idea, un sentimiento del autor, un hecho que marca la diferencia: es la manifestación del desprecio, llevada a una extrema y sofisticada expresión.
Se trata del nieto del general Prats, que ha tenido el coraje de efectuar un acto de repudio en la misma boca del lobo, señalando al país, al autor del homicidio de sus dos abuelos maternos, escupiendo a la cara del cuerpo sin vida del aquel difunto, velado en una fortaleza y rodeado de millares de seguidores.
Nadie dice nada después de saber que se trataba del nieto de Carlos Prats, al cual el propio Pinochet llamó muchas veces: “mi general Prats” La justicia nació para reemplazar a la venganza, los individuos le transfirieron al Estado la facultad de administrar justicia. Es decir, en un país civilizado no existe venganza, en virtud de que existe justicia. ¿ Y qué sucede cuando no hay voluntad de ejercer la justicia? Sucede que no me parece nada de malo que exista en subsidio el desprecio. El sublime desprecio mirando a la cara del ofensor, a la cara del homicida, aún cuando ese rostro comience a hincharse como un cerdo producto de la incipiente putrefacción, aún cuando ese rostro bajo el cristal de la muerte, jamás recibirá el golpe de la Justicia condenándolo por sus innumerables crímenes, quedando inconcluso su castigo, para escarnio de la Historia de Chile y de su pueblo.
Nadie dice nada después de saber que se trataba del nieto de Carlos Prats, al cual el propio Pinochet llamó muchas veces: “mi general Prats” La justicia nació para reemplazar a la venganza, los individuos le transfirieron al Estado la facultad de administrar justicia. Es decir, en un país civilizado no existe venganza, en virtud de que existe justicia. ¿ Y qué sucede cuando no hay voluntad de ejercer la justicia? Sucede que no me parece nada de malo que exista en subsidio el desprecio. El sublime desprecio mirando a la cara del ofensor, a la cara del homicida, aún cuando ese rostro comience a hincharse como un cerdo producto de la incipiente putrefacción, aún cuando ese rostro bajo el cristal de la muerte, jamás recibirá el golpe de la Justicia condenándolo por sus innumerables crímenes, quedando inconcluso su castigo, para escarnio de la Historia de Chile y de su pueblo.
