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Agosto 18, 2026

Perro muerto (o se fue sin pagar)

Más de 800 grados celsius para incinerar les restos del dictador. Además, de helicópteros Súper Puma para trasladar su cadáver al cementerio. Aparatos similares a esos otros que  entonces, no pudieron ser  filmados por las cámaras de ningún canal para saber  finalmente: ¿Dónde están?

Pinochet  el de la Junta que volvía a la escuela militar. Él que transitaba en  esas comitivas infinitas y veloces,  con los furgones oscuros, tipo  los magníficos y mercedes benz de cortinas celestes. Recordándonos a su paso, todo el poder de su poder.
 
Y Chile globalizado en las noticias pasó de nuevo examen sobre la calidad de su democracia. Bien por la firmeza de  Michelle Bachelet, pero quedamos para marzo con la suma de signos, gestos y trampas que finalmente configuraron un funeral del Ejército para el pinochetismo enardecido.
 
El capitán-nieto sedicioso y deliberante. Mientras, a otro nieto, de otro Comandante en Jefe, no le quedaba  otro recurso que honrar a su abuelo escupiendo esa  urna venerada. Treinta y tres años han transcurrido y ya son los nietos…
 
Pinochet el pésimo orador que aleteaba sus brazos para enfatizar sus dichos. El abuelo regordete y socarrón del final de sus horas. El eterno soldado. El mito…hoy es polvo. Mientras, el pinochetismo vive su primavera y  busca entre tanto viudo, fin a su orfandad.
 
Esta vez están todos. Políticos y empresarios. Son los mismos que en elecciones lo ocultaron. Esta vez ya no tienen excusa para poner distancias. Un mínimo de agradecimiento a “la obra”. A las herencias tangibles que son las que de verdad importan. Las AFP y las Isapres, la desprotección y el trabajo precarizado. Frente a “la obra”, que pueden significar nuestros detenidos desaparecidos. ¿Cuanto vale el progreso?
 
¿Qué sucederá ahora con la fortuna hecha con coimas y robos?

Pinochet de probo a  ladrón. De milico en casa fiscal  a rentista con ahorros en dólares.
 
Pinochet  y la primera vez que lo vi  en 1980. Estaba en  la Plaza de Temuco y era vitoreado  por trabajadores del Pem y campesinos mapuches con carteles repartidos desde un camión municipal.
 
Pinochet  antes del  23 de agosto del 84, anunciando la “Operación Alfa Carbón” de la CNI.  Operativo desde  Concepción al sur que tuvo entre sus víctimas a Nelson Herrera, muerto de un  balazo en la frente, mientras estaba esposado en una ambulancia. Proceso  aún  pendiente en  la justicia chilena.
 
Pinochet salvando del atentado y decretando con su vocero Cuadra la venganza. Y luego… esos últimos minutos de mi hermano arrancando  de sus captores  que lo acribillarían más tarde.
 
Pinochet después del 90, recordando continuamente todo el poder que mantenía junto a las FFAA y sus socios civiles del empresariado y la política. Los mismos que ahora lo despedirán en pleno, mientras se mordían la lengua de sus  dichos de lejanía.
 
En un país donde el dictador se va a la tumba sin condenas  luego de chantajear a la naciente y débil democracia, resulta desmesurado pedir  respeto y mesura a los  que salen a brindar y festejar por su deceso. No hay comparación  entre una  señalética destruida y centenares de detenidos-desaparecidos hundidos en el mar con trozos de rieles como anclas. No hay comparación…
 
Este Ejército que rinde honores, sigue dificultando  su reinserción democrática. Porque el tiempo de la justicia tuvo a lo menos 16 años, frente a un pinochetismo que aún sigue demostrando el poderío que  guarda, y que  ha quedado evidenciado en los funerales del dictador.
 
El arzobispo condena la píldora del día después,  mientras  reza por Pinochet con desparpajo junto a otros curas que como Hasbún se refieren “al ciudadano del cielo” que despiden. Los márgenes de la decencia y la ética saltan por sus costuras…mientras la mojigatería se pasea coqueta.
 
Aquí falta un desagravio al pueblo de Chile, a  esos  miles de caídos. Parece que  la Verdad y la Justicia podrían ser un buen  regalo para el  Bicentenario.
 
¿Pensarán los asesinos presos en las  cómodas cárceles militares,  que ahora sí podrán ampararse en la verticalidad del mando y sus órdenes? ¿Cómo estarán Contreras, Corvalán y Bauer articulando sus defensas y descargos?
 
La  alegría ante la muerte de Pinochet y “el ya cayó” se parece demasiado a otros triunfos morales como el Combate Naval y el Desastre de Rancagua. O los empates a cero en el extranjero. Es la catarsis ante el fin del mito, pero es a lo pirro, porque sin Pinochet la Justicia sigue aún más pendiente.
 
El domingo 10 parece que el dictador apostaba que podía ganar la batalla a su viejo y cansado corazón. Esa mañana imagino su retorno a casa creyendo sumar otra sobrevivencia. Pero, su juego llegaba hasta allí. Esta vez fue sin dilaciones y Rodríguez Grez ya no pudo salvarlo. Y todos los dispositivos y ucis ya no fueron suficientes.
 
Pero, hizo perro muerto, porque se fue sin pagar…
 
Ignacio Vidaurrázaga Manríquez
Periodista
 
Santiago 12 de diciembre 2006.