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Agosto 18, 2026

La muerte del Tirano

Un sabor agridulce queda por encima de la muerte del tirano. No sera la justicia quien dicte sentencia frente a uno de los personajes que menos ha merecido el cargo de general en jefe de las fuerzas armadas chilenas y  de presidente constitucional gracias a los acuerdos de la transición. Si hacemos memoria, su fama no es propia sino ajena. Fue bajo un discurso  anticomunista y de fe católica, en medio de la guerra fría, cuando logró concitar en su entorno a miles de bienintencionados e ingenuos cuyas mentes seguían a pies juntillas los esloganes de la propaganda de la derecha política.
Muchos de ellos, gobernando Salvador Allende,  se unieron a la cruzada de creer  que el marxismo era una doctrina come niños  cuyo objetivo era  convertir el país  en provincia de la Unión Soviética. Ante semejante futuro creían necesario una respuesta. El prototipo de golpe de estado se generalizó tras el triunfo de la revolución cubana. Valga como ejemplo, la publicidad electoral que me tocó vivir siendo niño durante la campaña presidencial de Eduardo Frei Montalva en 1964  y que  guardo en el recuerdo. Se trata de un montaje publicitario, la mentira en política no es nueva, un cartel,  donde  guerrilleros fusilan a un sacerdote en cuclillas con una frase sobrepuesta: ((Chileno, esto ocurre en Cuba, no permitas que suceda en Chile!!. Tenia nueve años y cuando llegue a casa mi imaginación ya había construido un mundo en Cuba y en Chile. Desde luego no quería otra Cuba. Mi padre, viejo republicano español, escucho y deshizo el entuerto.  Pero  el cebo  era para haber mordido y tragado todo el anzuelo.
 
Seis años mas tarde, durante el gobierno de la Unidad Popular, comprendí la eficacia de tal mentira. Había calado hasta los huesos en la sociedad chilena. Y ademas mostraba el camino a seguir en caso de triunfo de los rojo: el alzamiento nacional  y el golpe de Estado. La España de progreso del  General Francisco Franco daba luz.  Caudillo por la gracia de Dios. Esos argumentos se escucharán en Chile durante tres años (1970-1973),  obteniendo carta de ciudadanía y  verisimilitud,  se transforman en opción política. Estaban en boca de mucha gente que lentamente se decanto por la desestabilización. Fue el método  para sabotear al  gobierno y mas tarde justificar el golpe militar, con el apoyo  de los Estados Unidos. Nixon y Kissinger fueron  los interlocutores para los socios criollos, la democracia cristiana, el partido nacional y  sectores de las fuerzas armadas. Entre ellos buscaron los mecanismos  para destruir la ciudadanía republicana y la vía chilena al socialismo.
 
 

Tal vez un tercio de la población creyó que Chile sufría el cáncer del comunismo, la ingerencia cubana y de un plan destinado a matar a los chilenos contrarios a la Unidad Popular que pasó a llamarse AZ@. Ante  tan negro futuro, faltaba encontrar en las fuerzas armadas los iluminados, los redentores de la Patria. La trama civil del golpe se urde sobre bases concretas. Son Patricio Alwyn, Zaldívar, Freí, entre otros, junto a dirigentes del partido nacional quienes ponen en contacto a militares por medio de reuniones privadas en sus casas. Los convites de asados, parrilladas y cumpleaños son la excusa. Así se reconocen y organizan el complot, acabar con el gobierno de la Unidad Popular. No existía un nombre. Era indiferente el personaje. La construcción de la identidad de Pinochet es a posteriori. Su protagonismo le obligará a eliminar a sus iguales. Destruir toda prueba que descubra su relato. Por ese motivo asesina a dos generales Bonilla y Lutz, este último jefe de los servicios de inteligencia el día 11 de septiembre. Verdaderos artífices de la trama pre-golpe. El, simplemente sintetiza una opción. Mas tarde acabara destituyendo al general Leigh de la junta militar y ejerciendo como presidente de la junta militar.
 
Este personaje oscuro, sin ideas propias, ni principios éticos, con deseos de grandeza, termina aislado como Hitler en el bunker familiar, presa de sus delirios y vitoreado por unos cuantos cientos de fanáticos. No serán muchos los que sientan su muerte.  Los otros, los compañeros de viaje en 1973, los más representativos, los anticomunistas de guerra fría y de los sectores medios lo tildan corrupto y de haberse lucrado durante su mandato. Ser un  Traidor a sus ideales. Ese tercio de chilenos, que lo apoyaron, lo vitorearon, lo tira a la cuneta. Ese es el peor castigo al cual Pinochet se enfrentó  en vida. Saberse al mismo tiempo instrumento de otros para destruir el orden democrático y no poder terminar como héroe ni siquiera para una derecha que lo desconoce e incluso lo escupe. El general,  ya atisba  su futuro una vez muerto. No habrá funeral de Estado y pasará a la historia en los libros de texto  como  asesino,  responsable de crímenes de lesa humanidad.
 
Tal vez debería haber sido juzgado y condenado. De esa manera se haría justicia. Pero la estatura de la magistratura y la élite política chilena no estuvo a la altura de sus víctimas y detenidos desaparecidos, a quienes sigue perteneciendo la dignidad de la lucha por la democracia. Pero vale la pena señalar que con la muerte de Pinochet sigue abierto  el juicio por crímenes de lesa humanidad, ya que las responsabilidades de ministros, asesores y responsables políticos que participaron en su gobierno les hace cómplice y los compromete directamente con la  violación de los derechos humanos. La justicia internacional seguirá sin archivar la causa.
 
            Por último, no podemos olvidar la  escasa talla intelectual del finado. Ambición de poder,  amor por el dinero, el lujo, el derroche y la ostentación. Todas cualidades  que reflejan cobardía y  corrupción de carácter que  destruyen el mito  de  heroicidad y patriotismo que con tanto esmero se dedicó a construir para justificar la infamia del 11 de septiembre de 1973.   Sin embargo, el descubrimiento de sus cuentas secretas y sus múltiples actos de corrupción demuestran que rompió  con la dignidad de militar y el deber de soldado.  Era un ejecutor de la doctrina del enemigo interno y un creyente de tres dogmas: la familia, dios y  anticomunismo. Su trabajo  consistió en aniquilar el proyecto cultural, la condición humana y la vida, por tanto en mandar a matar y asesinar. En este sentido, si su muerte concita  un solo  día de duelo o las fuerzas armadas lo entierran con honores militares constituirá un oprobio para las víctimas de la tiranía, un desprecio a las instituciones, y una señal de que la democracia no funciona en Chile