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Agosto 18, 2026

Lo que tenemos que cuidar

Resulta curioso en España que mientras más duro da  la oposición, menos daño le hace al Gobierno. Por lo menos, eso es lo que demuestra la última encuesta del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), un organismo que merece mucha credibilidad. Aunque las encuestas tienen sus trampitas, esta es la más respetada en el país ibérico. Y esta vez no ha sido la excepción.

Ha dicho que entre el gobierno del socialista  Rodríguez Zapatero y la oposición que encabeza el derechista Partido Popular, hay una brecha de un punto y medio. Es decir, son casi las mismas cifras desde que ganara las elecciones el PSOE. De nada -o casi nada- le ha servido al Partido que lidera Mariano Rajoy tensar la cuerda hasta niveles increíbles, mediante la descalificación constante, la crítica ácida o la confrontación permanente. Se tensa la cuerda y se tensan los nervios de la sociedad, que mantiene los niveles de apoyo sin oir a los que gritan ni a los que son gritados…
A mi me parece que esto podría significar que la sociedad comienza a hacer oídos sordos a la clase política. O sea, para lo único que ha servido la política confrontacional de la oposición en España es para aburrir al personal, ha sido para que la credibilidad en los políticos vaya decayendo cada día. Porque en los datos que aporta la encuesta queda claramente reflejado que solamente la Vicepresidenta del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, se salva del varapalo que otorga la sociedad a todos los políticos. Es la única que alcanza un “aprobado” popular a su gestión. Todos los demás, TODOS, son suspendidos. No pasan el examen.

No voy a dar cifras, ni datos que cansen. Simplemente quisiera hacer una reflexión: la oposición por la oposición, el grito desaforado, la pelea constante, la descalificación sin pruebas, el negativismo por el sólo placer de negarlo todo, la confrontación eterna, la crispación de la política contingente, no arroja buenos dividendos a nadie. Es como en una guerra, donde no hay vencedores, sólo vencidos. Es decir, la sociedad se aburre con estos enfrentamientos sin ton ni son. No le encuentra sentido. Y, más bien al contrario, el propio sistema no le llena, no le satisface….Y no le hace mayor caso. No quiere retrocesos en la democracia, pero la minimiza, la manda al baúl de los trastos viejos y no quiere participar en ella. Por lo menos, yendo de la mano con políticos que lo único que hacen es gritar, descalificarse mutuamente, que deterioran el propio modelo que ellos deben cuidar con el ejemplo cada día.

La democracia es un buen sistema de convivencia. Es la forma que tiene la sociedad para entenderse, para desarrollarse, para avanzar. Es la autorregulación para respetarse unos con otros. En definitiva, para vivir mejor. Y como en toda buena democracia, hay veces en que unos ganan -porque ofrecieron programas más cercanos a los ciudadanos- y otros pierden. Entonces, los que ganan tienen la obligación de ser consecuentes y tratar de cumplir con  el programa propuesto, respetando a las minorías que perdieron y que quedaron situadas en lo que se llama oposición. Por lo tanto, el papel de éstos consiste en aceptar la derrota como parte de las reglas del juego y luego comentar, criticar las cosas que se hacen mal, ofreciendo alternativas para que se hagan bien. Es decir, hacer una oposición constructiva. Si la máquina propuesta funciona más o menos así, entonces los pueblos se hacen grandes, las democracias fuertes y el progreso avanza ante la felicidad de la gente.

¡Qué simple!, comentará más de uno que lea estas letras. Qué simple y qué sencillo…

Pero, como en España lo reflejan las encuestas, todavía hay políticos que no entienden su papel y vociferan, gritan, confrontan, descalifican, sin darse cuenta de que los ciudadanos se cansan, se aburren y, al final,  desdeñan la actividad política en general. O sea que se daña al sistema en su conjunto. Y mientras no se invente algo mejor, la democracia es lo que tenemos que cuidar día a día, con esfuerzo, con capacidad, con iniciativa, con inteligencia.