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Agosto 18, 2026

Orgullooooooooosssssoosssss

Pues si estamos orgullosos de ser chilenos entonces  sigamos, sin un solo gesto de autocrítica,  posicionándonos en los primeros lugares a nivel mundial en maltrato infantil  (y rasguemos vestiduras  -como si no entendiéramos nada-  cuando algún patán los arroje desde un décimo piso o los azote contra la muralla); y sigamos, junto con ello,  olvidando a los ancianos; dejémoslos morir abandonados como perros, con sus chauchas o pensiones de  hambre, en los pasillos de los hospitales públicos y en hogares de ancianos (administrados  -dicho sea de paso-  por dueños  “poseídos” por los valores cristianos-humanistas  del laissez faire).

Si estamos orgullosos de ser chilenos entonces, sigamos narcisamente adelante con nuestros racismos, nuestros clasismos delirantes, nuestros apellidismos denunciados en el PNUD; sigamos creyéndonos el estúpido mito de que somos los “ingleses” de Latinoamérica; sigamos amparando la exigencia de la foto en el currículum. Paréntesis: “Es que todo esto es culpa de los argentinos, de los bolivianos, o de los marxianos (= marxistas), nos dirá algún amigo del Opus dei; no es responsabilidad de Chile”, y agregaría:  “Por tanto ¡sintámonos  orgullosos de ser chilenos! ¡Proclamémoslo al mundo!” Lo que equivale a decir  ¡sigamos, pues,  inmersos en la brutalidad automovilística del bocinazo eterno (que siempre anda atrasado, que escupitajea   por la ventana, arroja pañales con mierda a la berma y  lanza bravuconadas irreproducibles  a los otros automovilistas)! “¡Me siento ORRRRRGULLOOOOOOSSSSSO de ser chileno! ¡Y qué!”, replicará un comprador a-crítico de la Opinión Publicada  del señor burgués. 

Entonces echémosle pa’  adelante no más con el desprecio a los hermanos peruanos que explotamos sin pagarles imposiciones; sigamos escarneciendo a nuestros hermanos mapuches (para los cuales hasta el momento aún no hay reparación  -la cual no se reduce ni se agota en el  $); pues en consecuencia sigamos con nuestros alcoholismos surtidos  (droga legal) en que hemos abandonado a los que no tienen futuro  en este país (Nota: Chile ostenta las más altas cifras en alcoholismo adulto e INFANTIL en el mundo); sigamos inflándoles la pancita y la papadita a nuestros niños (y claro, como  la tele  los deja vacíos, con comida tipo  usamericana  los compensamos… Es que “sale en las películas”). “¡Somos orgullosos y qué!”, contestaría Adimark.  Entonces sigamos organizando campañas de marketing donde se regalen “cachorritos” a destajo  (mientras tanto hagámonos los lesos por las cientos de miles de mascotas desechables, es decir, perritos que hemos abandonado,  que vagan con sus vientres vacíos a lo largo del país). “¡Pero es que hay que estar orgullosos de ser chilenos, poh!”, protestaría haciendo pucheros el infaltable espinita para congraciarse con su jefe (en realidad su jefe es un maleducado, que  trata como animales a sus subalternos  cada día;  quién no  sabe,  las jefaturas tipo Antuco reinan en este país).   Y si estamos orgullosos por ser como somos, hay que seguir, pues,  amparando a una ética patronal farisaica, que comulga los domingos,  pero que aparte de la pésima paga, en alianza con las Isapres castigan  a nuestras  mujeres por  esperar  guagua, y luego dicen: “¡No al condón, no al Postinor!”. Pues si nos admiramos a nosotros mismos,  sigamos poniendo en los contratos de trabajo  -por el tema de  previsión social, al referir a la mujer y a los niños-  “CARGAS”, y no digamos nada cuando la Cervecita Escudo persista con sus degradantes spot televisivos  del “¿y tu hermana?”; y sigamos preguntándonos luego “¡cómo es posible que en Chile un tipo con una sierra eléctrica ataque por la espalda a “su”  propia mujer!” Y, para terminar, sigamos dándole la razón  -ahora más que nunca gracias  a  “El Pago de Chile” de Nicanor Parra-  a  aquellos criminales que aún guardan silencio frente a una pregunta que Dios le viene haciendo hace más de treinta años  a todo un país: ¡¿DÓNDE ESTÁN?! 

Por lo dicho precedentemente  y por respeto a  la memoria de las víctimas inocentes del pasado y por las que hoy exigen respeto y derecho en la periferia, invisibilizados por tantos autitos lindos (y re-contaminantes)   -y ojalá se entienda bien lo que queremos decir, señor director-: no podemos decir lo mismo; no podemos sentir ese orgullo.

Atentamente,  movimiento autónomo de filosofía -UC del Norte.
Movimientoautonomodefisolofia@yahoo.es