Lo primero es condenarlo por sus delitos, así haríamos justicia y serviría de ejemplo para el futuro. De paso, solucionaríamos de inmediato el problema planteado sobre los posibles “honores” que se le deberían rendir. Pinochet debería ser degradado de los grados que obtuvo en su larga carrera militar y de acuerdo a la ordenanza que esgrimió el general Izurieta, no corresponderían honores.
¿Algunos de sus seguidores querrán rendirle honores? Adelante, como demócratas deberíamos buscar una alternativa: Como su nombre está vinculado a crímenes impresentables, busquemos otro nombre, que podríamos obtenerlo de los nombres falsos o “chapas” que ocupó para perpetrar la línea de delitos comunes que cometió y lo descubrió ante el país como ladrón. Así, se le rendiría honores al ladrón y no al homicida.
En Chile para todo hay solución
Felipe Salvatierra
