Realmente Chile es un país insólito. Discutir si a un criminal, asesino, ladrón se le deben rendir honores de estado es de risa, y, además, demuestra una insensibilidad sin limites al dolor de tantos chilenos que aun después de mas de 30 años aún no saben donde están sus muertos. Acabo de regresar de Chile, donde fui a enterrar a mi padre. Un año atrás lo hice con mi madre, el dolor se acrecienta aún más cuando veo que el culpable de nuestra separación, el culpable de que mi hija no haya podido crecer junto a sus abuelos, y que yo no haya podido disfrutar de la presencia de mis padres más de la mitad de mi vida, siga vivo y con todos los privilegios siga aun sin ser procesado y más encima con la posibilidad de que se le rindan honores.
Qué pasa con nuestra memoria.
