En esquizofrénica actitud, los dirigentes concertacionistas rechazan el redistritaje y, simultáneamente, plantean como uno de los principios que han de marcar al nuevo sistema electoral, la igualdad del voto. ¿Quién los entiende?
Insisto en que no nos queda sino olvidarnos de nuestros “representantes” si lo que queremos es arribar a una democracia en serio. La única esperanza estriba en la formación de un amplio movimiento ciudadano que exija la adopción de una nueva institucionalidad que ponga fin a esta transición eterna, devolviéndonos la autodeterminación a los ciudadanos.
