Los barrios de nuestro querido país, están a merced de bandas armadas, que eligen sectores altos y pudientes para sus espectaculares asaltos. Yo que vivo en La Reina, me siento identificado cuando de tarde en tarde, la tele nos da cobertura y muestra algún asalto ocurrido en nuestra comuna, en donde los cacos han obtenido un suculento botín de joyas y de paso han amordazado a la nana peruana junto a su patrona. El crudo drama familiar, la igualdad de seres humanos, de ordinario separados por una brecha social insalvable, unidos frente al terror, es algo que los medios televisivos nos entregan gratuitamente en un cómodo horario.
Un conocido me ha ofrecido en 200 lucas una 9 milímetros, que espero adquirir próximamente. Tengo un cachorro pitbull que será amaestrado, para arrancar de cuajo, con su mandíbula de 1.5 toneladas de fuerza, el diestro antebrazo de algún maleante que intente abrir la puerta de mi antejardín. Tengo pagado el servicio de una alarma, que me dicen está conectada a carabineros. Espero con ansias ese día, que en mi propia casa, sorprendan a estos escurridizos delincuentes.
Ciertamente, me da vergüenza reconocer públicamente mis sentimientos, pero creo necesario decirlo: a mí me gusta, me resulta entretenido estos temas que nos alejan de otros temas verdaderamente escandalosos, como la situación contractual de los trabajadores, como la subcontratación, como la invencible constitución del 80 que no ha podido ser reformada, como la nula posibilidad de que el pueblo se manifieste por medio de un plebiscito; que a final de cuentas, son una lata y nos dejan postrados en un estado de depresión difícil de remontar. Muy buenas noches.
