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Agosto 19, 2026

La pacificación de Euskadi

La política contingente española vive momentos apasionantes. Los politólogos , cientistas políticos y sociólogos deben estar de enhorabuena reuniendo datos para hacer sus análisis de la actualidad hispana, rica en acontecimientos de toda índole y de alcances futuros de indudable importancia.

Para citar un ejemplo de actualidad: los dirigentes del Partido Socialista de Euskadi (PSE-PSOE) se reunieron con los de Batasuna, brazo político de ETA ilegalizado desde hace varios meses por el Tribunal Supremo español. El motivo de este encuentro ha sido el de abrir puertas para buscar la paz para Euskadi, tras más de 30 años de existencia de ETA, que nació como una organización política independista, pero que se ha ido transformando en una de caracter terrorista, con atentados indiscriminados que han causado más de mil muertes y que reciben el rechazo de la gran mayoría de la población.

El juez de la Audiencia Nacional Baltasar Garzón, conocido en Chile por el llamado Caso Pinochet y que acaba de regresar a su puesto después de más un año de excedenecia (permiso) para realizar cursos y seminarios en Estados Unidos, se preocupó de la citada reunión puesto que al estar ilegalizada Batasuna, el PSE podría estar incurriendo en algún delito. Garzón dijo -en un auto que va a sentar precedente jurídico en España- que no había impedimento alguno para que los dirigentes socialistas vascos se reunieran con los ilegalizados, puesto que la iniciativa procedía de ellos, en el marco de las libertades individuales y de expresión. Esta posición vino a contradecir la doctrina aplicada por el sustituto de Garzón durante su ausencia, el juez Grande Marlasca, quien prohibía todo contacto con Batasuna.

La reunión se efectuó -con gran espectación mediática y política- en un céntrico hotel del País Vasco, a la vista de todo el mundo, en una mesa enorme cubierta con un mantel negro, donde los cinco interlocutores (2 del PSE y 3 de Batasuna) se mostraron más serios que nunca.  Dos horas estuvieron allí. Después, una rueda de prensa multitudinaria. El Secretario General de los socialistas vascos, Patxi López, dijo que el encuentro  con “la izquierda abertzale” (no pronunció nunca la palabra Batasuna) tenía una trascendencia histórica, pero que no se volverían a reunir hasta que no dieran pasos suficientes para su legalización. Esto es, que Batasuna condene la violencia e impulse a ETA para que entregue las armas y posteriormente desaparezca.

Por su parte,el líder de Batasuna Arnaldo Otegui, se mostró satisfecho de la reunión, a la cual calificó tambièn como “histórica y de importancia extrema”. Agregó que este encuentro da pistas para sacar la política “de las trincheras” y empezar a hablar entre todos.

Sin duda, este encuentro significa un paso importante hacia la búsqueda de la paz. Es un tanto que se apunta el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero puesto que está llegando bastante más lejos de lo que consiguieron Felipe González y José María Aznar, que también lo intentaron durante sus respectivos gobiernos, pero que obtuvieron sendos fracasos.

Rodríguez Zapatero, según parece, tiene más margen de diálogo producto de los nuevos tiempos y estilos que se viven, y de su férrea voluntad de avanzar en estos espinudos temas, aprovechando la situación que vive ETA después de sufrir golpes policiales importantes en los últimos años. Todo ello, pese a que el principal partido de la oposición, el derechista Partido Popular, se ha lanzado con todo en contra de la iniciativa. Por ejemplo, Mariano Rajoy, Presidente del PP, dijo nada más concretarse la reunión en el País Vasco, que se desvinculaba de los compromisos que pueda adquirir el Gobierno socialista con ETA en el proceso de paz. Y agregó algo más preocupante aún: “El Jefe del Ejecutivo no está representando al Estado ni al conjunto de los españoles” en la negociación emprendida. Esto ha sido contestado por la Vicepresidenta del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, diciendo que Rajoy se ha puesto al margen del juego democrático. Por su parte, los analistas políticos afirman de que se trata de un nuevo gesto del PP de poner en duda la legitimidad del Gobierno de Rodríguez Zapatero.

En verdad, la derecha española aprovecha cualquier ocasión  para lanzar andanadas a la labor gubernamental, como estrategia política confrontacional de desgaste, sin proponer alternativas.

Desde el primer momento del triunfo de Rodríguez Zapatero en las elecciones del 14 de marzo de 2004 (tres días después de los gravísimos atentados cometidos por el fanatismo islamista en los trenes de cercanías, en Madrid, que causaron 192 muertos), el PP no se conformó y adoptó la línea política más dura diseñada desde las bambalinas por el ex Presidente José María Aznar.  Sin embargo, esta estrategia de crispación no le está dando buenos dividendos. Las encuestas dicen que el PSOE está casi 8 puntos por sobre el PP en la intención de voto de los ciudadanos. Y que Rodríguez Zapatero aventaja en más de 15 puntos a Mariano Rajoy en liderazgo.

Ya le ocurrió cuando los socialistas catalanes propusieron reformar el Estatuto de Autonomía de esa región. El PP criticó tal propuesta dando una argumentación tremendista: que se pretendía dividir a España. La población catalana que acudió a las urnas,un 50%, aprobó mayoritariamente el nuevo estatuto.

Ahora, con el recién iniciado proceso de paz para Euskadi, le está ocurriendo algo similar. Todos los partidos democráticos están de acuerdo en dar un margen de confianza al Ejecutivo para que intente la pacificación del País Vasco. Menos el Partido Popular, que argumenta que no se puede negociar con terroristas y asesinos, ni menos “pagarles precios políticos”. Es importante señalar que el PP es muy necesario para sacar adelante un proceso de tanta trascendencia. No en vano recibió 10 millones de votos  en las últimas elecciones generales.

Sin embargo, como alguien dijo hace ya muchos años, “¡la suerte está echada!”.
Los socialistas españoles están intentando -sin vuelta atras- la desaparición de ETA, del terrorismo y de la violencia, a través de un diálogo abierto y valiente.  Si lo consigue, sin duda que en España habrá “rodríguez-zapaterismo” por muchos años, a pesar de la crispación propuesta cotidianamente por la derecha opositora.