Han pasado seis años sin PRI y el foco de los dos candidatos con mayor opción, Andrés López Obrador del Partido de la Revolución Democrática (PRD) y Felipe Calderón del partido de Acción Nacional (PAN), ha estado en apostar a un país sin PRI, aunque su candidato presidencial Roberto Madrazo, esté tercero en las encuestas, y como bloque el PRI tenga mejores posibilidades en los asientos legislativos y municipales.
La cuestión es que el PRI no vuelva al poder, y para ello, contribuyen personas que fueron parte del PRI y que ahora están, o en el PAN o en el PRD.
Sin embargo, México ha enfrentado estas elecciones presidenciales, sin el trauma creado en las elecciones 2000, de que el PRI no continuara administrando la democracia mexicana. En forma inamovible, por más de 70 años, este partido le dio una gobernabilidad especial a México a través de una tutela política sin precedentes. La ingeniería política idealizada por el maestro Giovanni Sartori se desencajaba, aunque la OEA, así como el Departamento de Estado de los EEUU, dos ejes clave en la política hemisférica, invariablemente alabaron la estabilidad mexicana como un fenómeno único.
En la comparación con Chile, en el sentido de que el sistema electoral binominal según algunos sectores le “provee” estabilidad política al país, en México, si bien no había sistema binominal, el poder del PRI reduciendo el sistema político a un clima de virtual mono partidismo, también era una fuente de estabilidad. Como alimentando una máquina que produce resultados electorales, el PRI se las arreglaba para vencer, hasta que se partió en las elecciones presidenciales del año 2000, con el triunfo de Vicente Fox.
A estas alturas, hacer referencia al tema de la corrupción, del PAN, del PRI o del PRD, o de la estructura política de la actualidad que sea en algún país, es inocuo. Porque reconozcámoslo, son pocas las unidades estatales o privadas en el mundo que se escapan al fenómeno. Sin dañar susceptibilidades, esto puede incluir la estructura suiza que vela por la transparencia internacional, claro instrumento de dominación de las nuevas redes. ¿Quién los fiscaliza?
México: y su complejidad especial
México, como se sabe, y como mejor aún saben los propios mexicanos, debe ser una de las naciones más complejas del planeta. Aunque eso del grado de complejidad de los países es un debate abierto. Según un analista, todos los países son complejos, lo que cambia es el tamaño, las intensidades, los tiempos. Con México quizás no se cumpla esa aseveración. En efecto, es probablemente – más ahora que antes – uno de los países más complejos de la tierra por el solo hecho de compartir frontera con los EEUU, más allá de los pliegues inherentes a su identidad sociocultural múltiple.
Siendo la alta porosidad fronteriza uno de los factores de mayor distorsión económica, así como de mayor riesgo a la seguridad -por los sucesos del 11 de septiembre de 2001 en los EEUU, y sus colaterales -, esta condición de ser “país frontera” y de “pasaje”, coloca a México en el “exclusivo club” de territorios y países con problemas transnacionales agudos centrados en el tráfico. Allí se ubican Myamar, Pakistán, India, Tailandia, y la zona del Asia central y del medio oriente.
Aunque desde la insularidad del extremo sur, esta dura faceta del acontecer mexicano no se palpe a viva piel, e inclusive no se advierta a plenitud a través de oídos, lecturas o visitas turísticas, por cierto ocupa un lugar central no solamente en la política, sino en el ethos del mexicano.
En un masivo recambio de autoridades a partir del presidente, así como de 500 diputados, 128 senadores y 365 alcaldes, además se eligen tres gobernadores en una nación con 71 .4 millones de votantes, México es una de las más voluminosas democracias en el planeta.
En las últimas encuestas, Andrés Manuel López Obrador del PDR aumentaba levemente su favoritismo, por sobre Felipe Calderón el delfín de Vicente Fox. Cualquiera de éstos dos puede vencer en primera vuelta señala en una entrevista Luis Miguel González Director Editorial del periódico Público. El candidato del partido revolucionario institucional (PRI) Roberto Madrazo, con un 23 %, no tiene posibilidades de recuperar el poder presidencial para el PRI, aunque en las de legisladores el PRI podría obtener una votación significativa.
Las posiciones de los tres candidatos están determinadas el paquete de rigor: disciplina fiscal, apertura comercial, y mayor atención a las desigualdades, sin afectar las anteriores. Ninguno de ellos, plantea un ataque al núcleo del ajuste económico de los 80: menos privatización, más regulación del estado, apertura comercial cautelosa. No obstante, López Obrador tiene una propuesta de rectificación social concentrada en diseñar un estado de bienestar con mayor énfasis en la protección social. Calderón claramente representa mayor agresividad en la aplicación de las políticas de ajuste económico que van de la mano con la agenda del libre comercio. Madrazo, además de representar el talante de poder tradicional del PRI, ha hecho un esfuerzo de colocarse en el centro político, con un discurso adaptado al libre mercado que integre mayores grados de protección social.
Toda la discursiva se ve fabricada con mucha cautela, bajo el dominio de los agentes de la mercadotecnia que parecen haber invadido el centro estratégico de los partidos, como dice el analista Luis Miguel González en una entrevista para ARGENPRESS.
Sin embargo en la opacidad de los discursos centrales en los tres candidatos al final de la campaña, se reducían las agendas a lo más elemental en las vidas humanas: empleo y seguridad. Como si fuera un brusco regreso al siglo XIX, y esto no es una exclusividad mexicana con toda esa complejidad a cuestas.
