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Agosto 18, 2026

El juego del poder es siempre es asimétrico y competitivo

Pero en este juego que en Chile se convirtió en un entretenimiento de salón para los grupos oligárquicos, solo participan la oligarquía de los partidos políticos, la oligarquía de los empresarios, y con menor influencia, pero de igual gravitación en el plano valórico, la oligarquía de las instituciones religiosas.

El término oligarquía proviene del griego: y su significado etimológico está constituido por las palabras oligos : pocos, y arquía : poder. Oligarquía es una forma de gobierno donde unos pocos ejercen el poder. Este termino ha sido utilizado a nivel político y económico para describir la composición y exclusividad de las elites sociales que han mantenido el poder a través de la historia.

Situados en nuestro tiempo y en nuestro país, el fenómeno oligárquico adquiere plena vigencia y da cuenta de como a partir del termino de la dictadura y el inicio de la transición en la década de los noventa, los grupos políticos organizados que se incorporaron al sistema democrático aceptando la normativa impuesta por el régimen militar, fueron apropiándose gradualmente de todos los espacios desde donde se generan las decisiones de carácter económico, político y cultural que influyen y determinan la vida de todos los chilenos.

Aceptaron la continuidad del modelo económico neoliberal diseñado por los otrora Chicago Boys, un grupo de economistas  asesores de Pinochet, discípulos de Milton Friedman, fundador junto a Hayek del modelo económico que hegemoniza la vida de millones de personas en gran parte de Occidente.

Las consecuencias en la aplicación del proyecto señalado genera por las lógicas que lo fundamentan, un nivel sostenido y creciente de concentración de la riqueza en los grupos oligárquicos situados en el mundo empresarial. Paradójicamente Chile es un país estable, con un buen índice de crecimiento, con una capacidad de ejercicio de los negocios en el ámbito nacional e internacional, que goza del reconocimiento del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, pero que registra en su desarrollo, una marginalidad laboral y una política de bajos salarios que reproduce y profundiza la pobreza, sin que exista una sensibilidad y al mismo tiempo una predisposición para asumir medidas que rectifiquen el rumbo señalado, incorporando criterios para una mejor distribución del ingreso y una decisión por construir una sociedad con mayor equidad social y justicia distributiva.

Hay detrás de este éxito relativo un conjunto de zonas oscuras donde subsisten los bolsones de pobreza dura, por una parte, y la pobreza incorporada al sistema, que se expresa en trabajos de baja valoración monetaria y por tanto de escaso poder adquisitivo y de consumo.

En un país donde se vende la salud, se vende la educación, se vende el transporte, se vende la cultura, se vende la electricidad, se vende el agua de consumo familiar, se vende a ultranza; quienes no pueden acceder a la totalidad de los ejemplos descritos, ya están en un contexto de discriminación que el Estado se muestra incapaz de resolver, y donde los grupos empresariales sin conciencia de país ignoran y actúan decididamente para mantener el status quo; después de todo, son los grupos económicos los que determinan en gran medida la política salarial y por tanto son los principales responsables de las carencias y limitaciones con las que viven sus propios trabajadores.

Quien se enriquece con el trabajo ajeno y no distribuye con equidad debe asumir que es un factor directo en el empobrecimiento material de los chilenos. De tal manera que, aquellos que se benefician con las políticas macroeconómicas diseñadas por el gobierno y el parlamento, a través de legislaciones especificas y medidas concretas, como la SOFOFA y otras entidades empresariales y financieras, incrementan sus patrimonios de elite y mantienen una política salarial que oscila entre los 100 y 150 mil pesos mensuales para un trabajador de tiempo completo y con más de una especialidad técnica a su haber. Lo más crítico de esta realidad es que un 65% aproximado de la masa laboral chilena está sometida a este régimen salarial arbitrario.

La tan ansiada flexibilidad laboral permitirá a las grandes empresas disminuir sus gastos operación en recursos humanos a su mínima expresión. Porque dada la demanda laboral en un mercado raquítico como el nuestro podrán contratarse trabajadores con intensa necesidad de subsistencia por debajo de los valores descritos.

Así la oligarquía económica se consolida, le parece razonable la gestión gubernamental, mantiene contactos con las comisiones económicas del senado y la cámara de diputados, y de una u otra forma, marca tendencia en la legislación del sector.

Por su parte, los poderes ejecutivo y legislativo adquieren un perfil técnico, estructural y concomitante con la legitimación del modelo económico.

Entonces se viene una pregunta : ¿Para qué los hombres hacen política en sociedad?. ¿Es la política solo una herramienta técnica y administrativa para validar y legalizar los intereses tácticos y estratégicos de los grupos empresariales?.

Porque con franqueza, es necesario reconocer en el espectro de la política chilena a tres tipos de actores: los políticos que participan de las lógicas y de los intereses del poder fáctico de los empresarios, y por tanto, sus aliados directos en la obra de consolidación del neoliberalismo, los políticos funcionales al sistema pero con alguna intención reformadora de tono menor, pero que los mantiene en un espacio de autoridad y bajo la égida de un termino manoseado como es el de políticos “progresistas”, y finalmente, los menos, en los espacios formales de la política que efectivamente tienen la predisposición de actuar con una mentalidad transformadora, para hacer de Chile un país más humano y democrático.

 A este trío es necesario agregar una categoría diferente, a una nueva generación de políticos cuyo vínculo con los problemas sociales reales de los cuales incluso son victimas, los convierte en protagonistas de la lucha por rectificar el conjunto de inequidades que se imponen a vista y paciencia de los políticos de estilo y de perfil tradicional. Se trata de los dirigentes del movimiento universitario y secundario, que tras sus legítimas reivindicaciones hacen política desde sus espacios y se confrontan con el poder político del Estado y con el poder fáctico de los grupos económicos. Con menos decisión y organización lo hacen aún los dirigentes sindicales y de otras orgánicas que empiezan a reaccionar.

Es necesario reconocer a las oligarquías de los partidos UDI y Renovación Nacional como los sostenedores políticos principales de este modelo económico cimentado en la injusticia y en la explotación, por tanto, y a pesar de su penetración mediática en los segmentos populares, no representan una alternativa confiable en la búsqueda de mayor equidad y justicia social. Su discurso es retórico y demagógico, destinado a manipular la intención de voto de una ciudadanía desinformada y a veces carente de conocimientos para comprender los fenómenos políticos y sociales de mayor complejidad.

Respecto de los partidos que integran la Concertación, la realidad está estructurada entre el pueblo que milita y las oligarquías que deciden el curso de los acontecimientos con entera distancia y voluntad respecto de los primeros. En este espacio, todo está previsto para impedir que se modifiquen las estructuras cupulares, posibilitando la reproducción en el poder de los mismos parlamentarios, los mismos mandatarios, los mismos funcionarios en el aparato del Estado. Esta oligarquía se caracteriza a si misma como ilustrada, profesional, y con las herramientas necesarias para darle continuidad al desempeño de su gestión.

Si a esto agregamos que la mayoría de este grupo pertenece a los segmentos ABC 1 en la estratificación hecha por la oligarquía empresarial y financiera, para la asignación de créditos y otras actividades económicas individuales; concluiremos que sus posibilidades de reproducción en el poder está asegurada hasta cuando decidan poner término a este noble ejercicio vocacional, luego de lo cual derivaran el poder a aquellos sujetos funcionales que hayan cooptado en el transcurso de su gestión. Una suerte de herencia coherente con su proyecto, y necesaria para la reproducción de un sistema que han contribuido a perpetrar. Muchos de estos políticos son funcionales al sistema y no tienen conflicto alguno desde el punto de vista de sus ideas y de sus intereses individuales con la realidad salarial, la pobreza, la estratificación y el conjunto de discriminaciones que se viven en el país. Aunque expresen lo contrario en el foro público.

La realidad establecida por  estos actores del poder hacen difusa la diversidad, de tal manera que es relativamente imposible establecer diferencias entre un parlamentario socialista y uno democratacristiano, descubrir en el ejercicio de su función, las diferencias entre un perfil laico y un perfil cristiano, por señalar un ejemplo. ( en el plano valórico aparece un atisbo cuando se discute el tema de la eutanasia).

Prácticamente todo es homogéneo, existe casi un solo razonamiento compartido y por tanto se anula la creatividad y la búsqueda de lo nuevo con la intención de generar dinámicas con variables que cambien el curso anódino de los acontecimientos.

Anecdótico es comentar que asombra la intensa vocación de servicio público de personas de niveles medios altos y altos enquistados en partidos que han sido tradicionalmente partidos de trabajadores o de clase media como el partido socialista o el partido radical. Lo más probable es que dada la sapiencia de estos actores de mayor poder económico, de  mayores conocimientos en apariencia, y de categórica influencia, terminen convenciéndose que su rol es indispensable para avanzar en un proyecto de sociedad donde prevalezca como condición insustituible, el mundo del trabajo y de las ideas. Curioso, porque hasta el momento y después de 16 años de democracia no lo han hecho.

Con respecto al partido comunista es necesario reconocer su fuerte vinculación con los trabajadores manuales y de la cultura, y su constante lucha en defensa de los derechos humanos, paradójicamente asumieron la legalidad política legada por la constitución política del 80, elaborada por un equipo de juristas conservadores que actuaron bajo la tutela de Pinochet en dictadura, entre los que se destacaron Enrique Ortúzar y Jaime Guzmán. Sin embargo, el partido comunista ha demostrado en su práctica una clara tendencia a la centralización, pues la rigidez de su estructura, posibilita la reproducción en el poder de su clase política y por tanto, al igual que los otros partidos, legitima la constitución de su propia oligarquía. No es posible sostener en el poder los mismos liderazgos durante 30 años si se comparte la idea de integrar una cultura democrática. Ese fue un sino trágico cometido por las elites políticas de los partidos comunistas en los socialismos reales, lo que derivó en la institucionalización de dictadores como Honneker en Alemania democrática o Chauschesku en Rumania , los que terminaron siendo derrocados por la fuerza de los pueblos que sometieron durante largos años. Es necesario transformar el modelo capitalista que nos legó la dictadura, pero respetando la diversidad y profundizando la democracia, al margen de toda forma de totalitarismos.

Es preciso reconocer la existencia de nuevos sectores que fuera de la institucionalidad política legada por el pinochetismo, hacen política de facto cotidianamente desde la sociedad civil, un fenómeno nuevo en este escenario democrático restringido y controlado por las oligarquías. Sin acceso al poder ejecutivo y al poder legislativo, como la militancia de partidos como el socialista y el radical, entran en esta coyuntura, levantando las banderas reivindicativas de trabajadores y estudiantes,  Se trata de la surDA, Fuerza Social y Democrática y otras agrupaciones fundadas durante la última década. Se trata de movimientos articulados en Universidades y organizaciones sindicales, y cuyos dirigentes entienden la acción política como un rol, una función, y no una profesión, y su discurso no se genera de un status súperestructural, sino desde la experiencia del espacio público donde realizan labores docentes o productivas.

Otra forma de hacer política es desde instituciones como Attac, o el Foro Social Chileno que a través de su gestión movilizaron a miles de Santiaguinos para reprobar la presencia de la APEC en Chile, alianza económica que sostiene entre otros el modelo neoliberal en el mundo globalizado y del cual forman parte China Popular y Vietnam, dos países con tradición comunista.

La izquierda chilena se encuentra difusa entre su tradición y su modernidad. Entre los sectores verdaderamente socialistas que por su naturaleza rechazan el tipo de sociedad cuyo origen fundacional data del diseño primitivo que articuló la dictadura militar, y que forman parte de un activo orgánico que milita en el Partido Socialista de Chile, en el Partido Comunista que debe avanzar hacia una realidad más democrática en su ejercicio intelectual y político, en  los radicales de social demócratas, y en los grupos emergentes entre los que se encuentran Ecologistas, La surDa, Fuerza Social y Democrática, el Foro Chileno  entre otros. Partidos, Movimientos, Instituciones para una democracia que se inscriba  en la diversidad, que supere la partidocracia estrecha de la sociedad política de hoy.

Es necesario iniciar una transversalidad en el debate sin prejuicios, analizando temas, encontrando respuestas, diseñando una estrategia de articulación de grupos para iniciar una ofensiva destinada a transgredir el modelo político y económico actual, altamente insuficiente para enfrentar las tareas de transformación que Chile y los chilenos requerimos para vivir con mayor dignidad y justicia social.