No obstante, el sistema binominal minoritario sigue provocando la ocupación de escaños por gente equivocada. Así, resultan electos candidatos que llegan en tercer lugar y “derrotan” a quien ha obtenido la segunda mayoría, como ocurre con Novoa en su “derrota” de Andrés Zaldivar. También se produce la irrupción en escena de los senadores “Neodesignados” o “Ratificados”, nueva categoría senatorial de nuestra institucionalidad, a saber, aquellos que corren solos o “blindados”, protegidos así del riesgo de perder el escaño preasignado por el partido, dejándosenos a los votantes la sola alternativa de ratificar la designación partidaria previa, como el caso de Allamand.
A mayor abundamiento, hay que agregar que, como complemento de la distorsión de la voluntad ciudadana que se obtiene con el sistema binominal, el voto de la Región Metropolitana sigue valiendo una fracción ridícula de aquel de regiones extremas, y -más grave aún y sin justificación alguna, como no sea la sobrerepresentación de la Derecha perseguida por el constituyente de 1980- se discrimina en el valor del voto dentro de la RM, por lo que aquel de las comunas populares vale una fracción de aquel de las comunas acomodadas. (Esto fue materia de un recurso ante el Tribunal Constitucional presentado por profesores constitucionalistas en las postrimerías de la Dictadura). Lo anterior hace imprescindible -junto con la eliminación del sistema binominal- una reagrupación de los distritos electorales, por mucho que se opongan nuestros caciques.
