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Agosto 18, 2026

Informe sobre sistema electoral

A raíz de la entrega del informe sobre el futuro sistema electoral por la comisión respectiva, presidida por el ex Senador Designado Edgardo  Boeninger, quisiera insistir en que el reemplazo del sistema binominal  debe abordarse partiendo por el reconocimiento de lo principal, i.e., estamos ante un sistema claramente antidemocrático, que no admite “perfeccionamientos”, sino sólo su eliminación y reemplazo.

 

El sistema binominal representa un mecanismo espurio, diseñado exitosamente para impedir el gobierno de la mayoría, i.e., la materialización de la democracia, lo que se logra provocando la sobrerepresentación de la minoría (33% = 66%). De este modo y durante toda la Transición, esta entelequía ( un sistema electoral diseñado para lograr falsos empates entre mayoría y minoría), ha cumplido eficazmente la función de sobrerepresentar a la derecha minoritaria, otorgándole así un poder de veto por el empate permanente con la mayoría que provoca. Y hasta antes de la última reforma constitucional de 2005, ello era aún más escandaloso por el “desempate” a favor de la derecha minoritaria que representaban los senadores designados, de triste memoria. 

    No obstante, el sistema binominal minoritario sigue provocando la ocupación de escaños por gente equivocada. Así, resultan electos candidatos que llegan en tercer lugar y “derrotan” a quien ha obtenido la segunda mayoría, como ocurre con Novoa en su “derrota” de Andrés Zaldivar. También se produce la irrupción en escena de los senadores “Neodesignados” o “Ratificados”, nueva categoría senatorial de nuestra institucionalidad, a saber, aquellos que corren solos o “blindados”, protegidos así del riesgo de perder el escaño preasignado por el partido, dejándosenos a los votantes la sola alternativa de ratificar la designación partidaria previa, como el caso de Allamand.

   A mayor abundamiento, hay que agregar que, como complemento de la distorsión de la voluntad ciudadana que se obtiene con el sistema binominal, el voto de la Región Metropolitana sigue valiendo una fracción ridícula de aquel de regiones extremas, y -más grave aún y sin justificación alguna, como no sea la sobrerepresentación de la Derecha perseguida por el constituyente de 1980- se discrimina en el valor del voto dentro de la RM, por lo que aquel de las comunas populares vale una fracción de aquel de las comunas acomodadas. (Esto fue materia de un recurso ante el Tribunal Constitucional presentado por profesores constitucionalistas en las postrimerías de la Dictadura). Lo anterior hace imprescindible -junto con la eliminación del sistema binominal- una reagrupación de los distritos electorales, por mucho que se opongan nuestros caciques.

Este es el régimen político ilegítimo y escandaloso que nos rige, el que ha sido una burla constante a los ciudadanos y ha entregado todo el poder a una élite que se siente plenamente cómoda profitando de aquél y eternizándose en los cargos, sin correr el menor riesgo -gracias al sistema binominal- de que el voto ciudadano pueda poner término a dicho disfraz de democracia. Dicha élite ha llegado a justificar este régimen espurio y se ha hablado de una “Democracia de los Acuerdos” o de “política de consensos” -acuerdos y consensos, por supuesto, totalmente ajenos al sentir ciudadano- pero que debiera denominarse, más certeramente, Democracia de los Conciliábulos, lo que sólo puede avergonzarnos como nación.