Un Viernes Santo, a comienzos del siglo XX, el candidato presidencial don Vicente Reyes, a quien todos consideraban como el líder moral de la República, paseaba por el centro de Santiago, con un traje claro y muy alegre. Una señora beata le llamó la atención por lo escandaloso de su actitud en este día de duelo cristiano; don Vicente le dijo, al oído, “señora, estoy en el secreto, mañana resucitará”. Este chiste cruel le significó perder la presidencia, en manos del putero, Federico Errázuriz Echaurren.
En este Viernes Santo, los políticos del siglo XX son más vivos y hasta los ateos recalcitrantes se visten de nazarenos y gritan en las calles sus pecados: Hernán Larraín rasga vestiduras diciendo que no visitará más al “Tío Permanente”, en Colonia Dignidad; San Pedro Lavín niega tres veces haber conocido al señor Daniel López, el Jesús de los ricachones; el celote, antes guerrillero Barrabás Alejandro Navarro, ya no insulta a los colonialistas romanos y se integra al famoso senado; Lázaro Frei, resucitado, abandona la miserable Palestina y se hace nombrar presidente del senado romano.
Para los papeles femeninos sobran candidatas. No sé por qué los estupidanleses, de puro racistas, creen que la Virgen era rubia, cuando verdaderamente era bien morenita; el papel está pintado para nuestra virgen madre, Michelle Bachelet, protectora de los pobres y desamparados. Nadie quería representar el rol de María Magdalena, pues creían que era una prostituta, pero la lectura de los evangelios apócrifos tratan de demostrar que era la discípula predilecta del maestro, por eso ahora sobran las candidatas para desempeñar dicho papel: podría ser la rubia floridana, Lily Pérez, que limpió las heridas del legionario romano, Lúculo Piñera, como resultado de la segunda vuelta presidencial.
El papel de Poncio Pilatos cae, de perilla, para José Antonio Viera Gallo quien, de senador romano, ha sido destinado a la revoltosa Palestina y, como odia a los rotos judíos, no puede entender por qué esta turba quiere matar al Salvador y, asqueado, se lava las manos; el papel de Judas, antes vilipendiado como traidor y hoy, según los evangelios gnósticos, convertido en el único discípulo que entendió la misión del Jesús, es ahora también disputado por varios políticos que pretenden poseer la sabiduría propia de esta famosa secta gnóstica , de los siglos II y III, entre los cuales destacan el sabio y locuaz Nelson Ávila y el protector de los pobres y enfermos, Guido Girardi; también aspira el genio en ontología, Fernando Flores, quien tiene la cábala mágica para hacer que los esclavos a adoren a sus amos.
Los actores políticos todavía andan arrancando por los cerros de Valparaíso, perseguidos por los fieles ante tan monstruosa presentación de la Pasión de Cristo Superstar.
El papel de Poncio Pilatos cae, de perilla, para José Antonio Viera Gallo quien, de senador romano, ha sido destinado a la revoltosa Palestina y, como odia a los rotos judíos, no puede entender por qué esta turba quiere matar al Salvador y, asqueado, se lava las manos; el papel de Judas, antes vilipendiado como traidor y hoy, según los evangelios gnósticos, convertido en el único discípulo que entendió la misión del Jesús, es ahora también disputado por varios políticos que pretenden poseer la sabiduría propia de esta famosa secta gnóstica , de los siglos II y III, entre los cuales destacan el sabio y locuaz Nelson Ávila y el protector de los pobres y enfermos, Guido Girardi; también aspira el genio en ontología, Fernando Flores, quien tiene la cábala mágica para hacer que los esclavos a adoren a sus amos.
Los actores políticos todavía andan arrancando por los cerros de Valparaíso, perseguidos por los fieles ante tan monstruosa presentación de la Pasión de Cristo Superstar.