España: Los estilos de Rodríguez Zapatero

No es extraño que las encuestas que se realizan en España sigan manteniendo al Presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, en el primer lugar de la aceptación popular, al cumplirse la mitad de su mandato presidencial. En efecto,la ùltima conocida, elaborada por el Instituto Opina por encargo de la Cadena SER de radios (la privada más importante y con mayor audiencia en este país), indica que el Presidente socialista  es aceptado por el 57 por ciento de los encuestados, en tanto que el líder de la oposición, el dirigente del Partido Popular Mariano Rajoy, recibe la aceptación del 37 por ciento. Se mantiene la diferencia cuando se pregunta a los encuestados sobre “¿quién quiere que gane las elecciones, si se produjeran en este momento?”. Rodríguez Zapatero obtiene el 48%, en tanto que Rajoy se queda en el 31%.

Otro dato significativo es la valoración que hacen los encuestados sobre los líderes. En una calificación de 1 a 10, el Presidente del Gobierno español obtiene el 5,5, con lo cual es aprobado. El líder de la oposición es suspendido, con un 4,4.  En general, la encuesta valora más al Gobierno (5,3) que a la oposición (4,2).  Un dato más general de la encuesta señala que el Partido Socialista Obrero Español recibe en este momento un 44% en intencíon de voto. El Partido Popular está cinco puntos por debajo, con el39%. Izquierda Unida se refugia en las cifras acostumbradas: 15% en intenciòn de voto.

 

 

Esta introducción nos permite señalar que resulta lógico que el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero esté obteniendo  el reconocimiento de los españoles.  En dos años ha ido desarrollando un nuevo estilo de hacer política, centrandose en los grandes asuntos con una seriedad y contundencia pocas veces vistos por estos lares.  Y , además, dando participación a todos los que puedan aportar algo y han querido hacerlo.  Salvo en un tema fulminante actuó solo: el retiro de las tropas españolas de Irak. Y lo hizo así porque era un asunto urgente, punto fuerte de su programa electoral basado en las abrumadoras manifestaciones de rechazo a la guerra del pueblo español, y porque las circunstancias de seguridad obligaban a evacuar rápidamente al contingente hispano, como así lo han confirmado los hechos posteriores.
Entre los puntos gruesos desarrollados figura también en el capítulo militar, la aprobación de la Ley de Tropa y Marinería y la Ley Orgánica de la Defensa Nacional que, entre otras cosas, obliga al Gobierno a obtener la autorización del Parlamento para el envío de misiones al exterior. Y en el plano de la transparencia, clarificación total y definitiva del accidente de aviación ocurrido en 2003 en Turquía y que costó la vida a 62 militares españoles.
En este breve análisis de la gestión del Gobierno español no podemos dejar de citar las reformas estatutarias de las Regiones en que se dividide España, porque se trata de una profundización y modernización del llamado “Estado de las Autonomías”, tras 25 años de existencia. Aquí se ha encontrado con alguna “piedra en el zapato”, porque hay un sentimiento nacionalista muy fuerte en algunas de las autonomías, especialmente en las llamadas históricas: Cataluña, País Vasco, Galicia…
No ha sido fácil, por ejemplo, la discusión del Estuto catalán. Por dos razones fundamentales: uno, porque desde las filas del nacionalismo catalán y de los propios socialistas de esa región, se intentó profundizar más allá de lo posible en este momento, en el tema de la “nacionalidad catalana”. Y  dos, porque la oposición se agarró de este clavo ardiendo para desarrollar una política de desgaste basada en una argumentación tremendista: el peligro de la desmembración de España.
Mientras la propuesta de Estatuto salía del parlamento catalán hacia el Congreso Nacional con el apoyo del 90% de los parlamentarios regionales (sin los del Partido Popular), en la discusión posterior en la Cámara de Diputados se moderó su texto, se hizo posible, y se aprobó con casi el 55% de los votos. Ahora se re-discute en el Senado, con lo cual hay posibilidades de nuevas reformas que podría concitar nuevos apoyos. O sea, mano izquierda para ceder, mano derecha para tirar las riendas.
El Estatuto catalán, en consecuencia, no ha desgastado a Rodríguez Zapatero. Menos aùn si vemos que el Estatuto Valenciano salió rápidamente con el consenso político como premisa. Ejemplo que podrían seguir también Galicia, Andalucía, Baleares… En fin, un asunto espinudo que ve las puertas abiertas y que el Gobierno de Rodríguez Zapatero está solventando con éxito.
Pero de mayor efecto aún es el tema de la pacificación del País Vasco. La organización terrorista ETA anunció hace sólo unas semanas un “alto el fuego” indefinido. Todo ello, precedido por una serie de declaraciones y contradeclaraciones del Gobierno, de la oposición y de las autoridades vascas, que aludían a un intento oficial por llegar a acuerdos para conseguir el fin, la desaparición de ETA. Duras críticas dsde la oposición, que hablaban de “pagos indecentes de peaje político de la democracia” ante los terroristas. Respuestas contundentes desde los apoyos gubernamentales argumentando de que todos los Gobiernos de la España democrática habían hecho el mismo intento, incluído el de José María Aznar.
 La cuestión es que en este momento,la posibilidad de conseguir la pacificación de Euzkadi está más cercana que nunca. ETA, que en cuarenta años de actividad ha llegado a causar casi un millar de muertos en atentados de todo tipo, tiene en estos momentos a toda una generación de jóvenes vascos en la cárcel y a la abrumadora mayoría del pueblo vasco y de España en contra suya.  Se le clama para que deje la violencia y participe en la vida política democrática. Y parece que las cosas van por buen camino. 
No es tarea exclusiva de Rodríguez Zapatero, ni sólo de su Gobierno. Es responsabilidad de todos los demócratas. Lo que hace el líder socialista es aplicar un nuevo estilo de hacer política, abrirse al diálogo y a la asunción compartida de responsabilidades. En este caso específico, se aplican tres condiciones: trabajar con discreción, crear confianza en todos y no tratar de resolverlo todo en una etapa. O sea, sin prisa, pero sin pausa.

Son los estilos de José Luis Rodríguez Zapatero. Consecuencia de ellos es la aceptación que le profesa la ciudadanía española en el ecuador de su mandato.