En esa línea, también se intensificó la vigilancia en los territorios palestinos ocupados y se cerraron los pasos entre ambas partes.
Estos comicios tienen lugar en momentos en que el proyecto de paz israelo-palestino sufre un evidente estancamiento y no se percibe una apertura inmediata.
No obstante, los sondeos respecto a las preferencias del electorado convierten al Partido Kadima en el favorito de la consulta por su plataforma política más utilitaria que fanática.
Algunos analistas indican que ese podría ser el derrotero de una nueva fase del sionismo, esta vez más abarcadora en la región, luego de la guerra contra Iraq y las presiones sobre Siria, entre otros factores.
Esa agrupación debe obtener entre 34 y 36 escaños, mientras que los otros dos competidores más fuertes, el Partido Laborista y el bloque Likud, no pasarán de las 21 bancas cada uno.
Abundantes pronósticos indican que el centroderecha Kadima, creado por el ex primer ministro Ariel Sharon y encabezado ahora por Ehud Olmert, podría llamar a formar gobierno a organizaciones de distintas posiciones ideológicas.
Sin embargo, para concretar esa búsqueda de apoyo a su proyecto en un ejecutivo pluralista, primero ese partido deberá demostrar en estas elecciones que posee un gran poder de convocatoria.
Para observadores esa es la prueba más difícil a la que se enfrenta el Kadima, porque se presagia que sólo el 66 por ciento del electorado acudirá a la consulta, el índice más bajo de todas las legislativas realizadas en Israel.