Más vale ser amado que temido

Expresamente he puesto al revés el consejo del astuto Maquiavelo al Príncipe: en el fondo, la chusma siempre es veleidosa y sólo se la puede dominar por el temor, según el autor florentino. El profesor Lagos ha roto este principio: termina adorado por moros y cristianos, la verdad es que nadie le teme; sus consejeros y amigos sonríen ante sus jocosos arrebatos y están prontos a cumplir sus deseos por amor; no siempre ocurrió lo mismo con nuestros gobernantes: la plebe fue brutal con el padre de la patria, don Bernardo O´Higgins, lo acusaron de guacho, de ser un bolsero pidiéndole, constantemente, dinero a su padre, don Ambrosio, de ser enemigo de los curas y culpable del asesinato de los hermanos Carrera y de Manuel Rodríguez, – este último sostenía que los gobiernos deberían durar un solo día y que si él llegaba al gobierno, se derrocaría a sí mismo (genial idea).

Juan Luis Sanfuentes fue pifiado por la plebe y eliminado por especulador en la Bolsa de Comercio y, posteriormente, fue superado, en esta arte, por Daniel López Pinochet. Gabriel González Videla fue rechazado por siútico, bailador de zamba y arribista, en síntesis, un “roto metido a gente”; Marmaduke Grove derrocó el gobierno de Juan Esteban Montero lanzando panfletos desde un avión y, a los doce días, fue enviado por los militares a la Isla de Pascua y la plebe no movió ni un dedo para defenderlo; Ramón Barros Luco fue eliminado por bromista y quedarse dormido en los consejos de gabinete; el aburrido Germán Riesco, a pesar de su honestidad inmaculada, tuvo que pagar por los peculados de la oligarquía; Federico Errázuriz Echaurren fue eliminado de nuestro reality presidencial por putero  ; don Arturo Alessandri perdió el apoyo de la chusma por demagogo, parlanchín y chaquetero.

En algunos casos, la muerte logra salvar a nuestros presidentes de la eterna malagradecida chusma: es el caso de don Pedro Aguirre Cerda, cuyo gobierno, del Frente Popular, estaba completamente quebrado políticamente, pero la muerte ha permitido la mantención de una imagen de “santo laico” para el presidente radical; en el caso de Juan Antonio Ríos, un radical ibañista, militarista y autoritario, terminó con la imagen de un presidente democrático. Los casos de Balmaceda y de Salvador Allende, repudiados por la oligarquía en su época, posteriormente sus figuras forman parte del imaginario popular. Sólo el profesor Lagos ha podido sortear, exitosamente en vida, este cruel reality popular; no sería raro que algún patero propusiera la canonización de tan insigne presidente. No faltarán los legionarios de Cristo que cuestionarán a nuestro futuro beato por el solo hecho de ser agnóstico, es decir, dudar de la existencia del otro mundo, a pesar de los comprobados milagros realizados durante el mandato del Profesor Lagos. ¡Beato Ricardo: ora pro nobis!

 

Rafael Luis Gumucio Rivas