Propongo que se elimine el 18 de septiembre como día nacional de Chile y que se reemplace por el 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer. Primero, porque tenemos una presidenta mujer, que ha hecho cosas mucho más importantes que el viejito Mateo de Toro y Zambrano; segundo, porque el Cabildo Abierto, de 1910, quería preservar el reino de Chile para el más tarado y reaccionario de los monarcas de España, Fernando VII, lo que no era muy buena idea.
Sin las mujeres, la independencia de América sería impensable; jamás los aristócratas hermanos Carrera hubieran efectuado las audaces acciones que nos llevaron a la independencia sin la porfía y valor de su hermana Javiera. ¿Qué hubiera pasado si Paula Jaraquemada le hubiera entregado las llaves a los bárbaros soldados españoles, o Policarpa Salabarrieta se hubiera negado a expiar a favor de los patriotas, en el Virreinato de la Nueva Granada, o abjurara ante el seguro fusilamiento por las tropas de Murillo? ¿Qué sería de la Epopeya de la Araucana sin Fresia o Guacolda? Caupolicán, ColoColo y Galvarino quedan como unos afeminados ante la magnificencia de estas gruesas heroínas mapuches?
¿Qué podemos decir de nuestra insigne poeta Gabriela Mistral, tan idiotizado por los inefables machistas, que la presentan como una vieja gagá que escribía canciones de niños, sin entender su carácter terriblemente demoníaco y cuestionador de su telúrica poesía mestiza, ininteligible para “curas y bachilleres”? Sólo una mujer, como Ernestina Alfonso, puede internarse en el mar buscando horizontes de esperanza, o como sor Juana Inés de la Cruz, producir poesías divinas que alcanzaban hasta los mismos ángeles del cielo, o los geniales bigotes de Frida Kalho, que volvieron loco nada menos que a León Trosky y convirtieron en un niño al caliente guatón Diego de Rivera, o Isabel I, que no dejó pirata sin ser descuerado en su lecho, o la fea reina Victoria que, a pesar de dársela de moralista, jugaba como el Gato Maula con el gran ministro Disraeli, o Catalina II, que amó, nada menos, que al precursor de la independencia latinoamericana, Francisco de Miranda, o Manuelita Sáenz, que si no esconde en sus calzones al Libertador Simón Bolívar, hubiera perecido en manos del burócrata cachaco, Francisco de Paula Santander, en aquella noche nefanda del 25 de septiembre de 1828.
Estas son algunas de las mujeres que la historia oligárquica conoce, pero hay miles de grandes mujeres que han sostenido a nuestros guachos tristes, que conformaron el movimiento social contestatario, a comienzos de siglo; valientes mujeres como Belén de Sárraga, que puso en cuestión el sometimiento de las féminas a los funestos curas de entonces; feministas locas como Teresa Wills o las Adelitas, compañeras de los revolucionarios zapatistas y villistas, o las mujeres que acompañaban a los revolucionarios, en la defensa de Madrid y, por qué no, las pobladoras que resistieron el hambre y la persecución, a las cuales nos sometió el tirano más ladrón de nuestra historia, Daniel López Pinochet.
Decrétese el 8 de marzo como Día Nacional de Chile
Rafael Luis Gumucio Rivas