Crash: La colisión de los Oscar

 Los Angeles (EE.UU.)Paul Haggis parece haber escogido muy bien el título de su película, Crash (Colisión), convertida en la gran sorpresa de la 78 Ceremonia de entrega de los premios Oscar que puso fin a una noche demasiado convencional y hasta aburrida.

Minutos después que Ang Lee se alzara con la estatuilla como Mejor Director con Brokeback Mountain (Secreto en la montaña), la mayoría daba por sentado que sería la polémica historia de amor entre dos vaqueros la triunfadora.

Empero, el Oscar a Mejor Película, presentado por el 12 veces nominado y ganador de tres lauros, Jack Nicholson, dejaría boquiabierto al auditorio: Crash, producida por Cathy Schulman y el propio Haggis (el realizador).

La “colisión” que provocó el premio no pudo ser más estruendosa. En el teatro Kodak de esta ciudad era visible la euforia de Haggis, Schulman, y los actores Matt Dillon (nominado como Mejor Actor), Sandra Bullock, Don Cheadle y Brendan Frasier, entre otros.

Como dijera al inicio de la velada el presentador Jon Steward, con excelente sentido del humor, “sería más apropiado preguntar en esta sala quien no trabajó en Crash”.

Lo cierto es que además conquistó otras dos estatuillas (por guión y edición) y fue uno de los principales obstáculos para Brokeback Mountain, que llegó como superfavorita con ocho candidaturas y quedó con tres (guión adaptado y canción original).

El toque de ternura cinematográfica en un drama real en la vida de este planeta, mereció el Oscar y la ovación unánime. La marche de l empereur (La marcha de los pinguinos), del francés Luc Jacquet, hizo honor al privilegio de seguir los pasos de Michael Moore en largometraje documental.

George Clooney se adelantó con tino a los sucesos de la gala, excedida como siempre en lujos de trajes y joyas. El emblemático actor acarició tempranamente la estatuilla por su sólida faena en la descarnada Syriana.

Pero como bien anticipó, “esto significa que no tendré el galardón por Good night, good luck (Buenas noches, buena suerte)”, la crítica cinta contra la era anticomunista del macartismo.

Para algunos comentaristas, la fecha mostró a una Academia de Hollywood tratando de mantenerse en la fina cuerda del equilibrio, evitando disgustos y criticas lapidarias.

En el apartado de películas extranjeras, se cuidó de no crear fricciones con la palestina Paradise now, y concedió por primera vez en la historia, un Oscar a Sudáfrica, con Tsotsie, comparada por su crudeza con Cidade de Deus, del brasileño Fernando Meirelles.

Tsotsi tuvo el vigor de estremecer un tanto al calmado auditorio con gritos de Viva Africa de su emocionado realizador Gavin Hood en presencia de las actrices sudafricanas como la desconocida hasta hoy Terry Pheto y la espléndida Charlize Theron.

Aunque el brasileño Meirelles no tuvo el reconocimiento debido por The Constant Gardener (El jardinero fiel), la británica Rachel Weisz disfrutó de las mieles del Oscar por su papel secundario en el filme, también de denuncia, en este caso a las transnacionales.

El único latinoamericano directamente galardonado fue el argentino Gustavo Santoalla, por su canción original en Brokeback Mountain.

En su afán por el balance, la Academia situó en el pináculo a Phillip Seymour Hoffman, por su papel protagónico en Capote, dejando a un lado a Joaquín Phoenix (Walk the line), que se consideraba favorito luego del Globo de Oro este año.

Sin embargo, le dio el honor a Reese Witherspoon por su rol al lado de Phoenix en la cinta que rinde homenaje a la vida del cantante de country Johnny Cash.

En esta suerte de reparto del mundo, Hollywood no quiso soslayar a un hombre que seduce a las taquillas, Peter Jackson, y su versión de King Kong se inscribió en la casilla de lo inesperado con tres estatuillas (edición, mezcla de sonido, y efectos visuales).

Otra que no estaba en los cálculos y salió bendecida fue Memorias de una Geisha, igualmente con tres regalos dorados por vestuario, dirección artística y escenografía.

Para los apuntes de bambalinas, la 78 ceremonia de los Oscar recibió en su seno a varias películas irreverentes. Se atrevió a coquetear con asuntos candentes (las torcidas prácticas de guerra por el petróleo, vaqueros homosexuales, el anticomunismo y los proxenetas).

Así y todo, la Academia, para no variar, prefirió no correr riesgos y apostó a la ambivalencia en su mensaje, con aquello que parecía decir: the show goes on (el show debe continuar).