Dicen los médicos que el abdomen se agranda de tanto tragar: es seguro que de vuelta de vacaciones todos estaremos un poco obesos, pero los políticos son seres con ambiciones insaciables y no hay plato que logre entretener sus papilas gustativas. Lázaro Frei, después de haber sido senador vitalicio, cargo no muy prestigioso para un político democrático, logró ganar una senaduría en que compitieron dos candidatos y llegó segundo.
Nada más difícil que encontrar un cargo adecuado a un ex presidente de la República: la OEA está ocupada por Tobi Insulza, la ONU es ambicionada por el profesor Ricardo Lagos, por consiguiente, sólo va quedando la presidencia del Senado, – institución bastante inútil, pero figurativa -, así Eduardito ocupará el mismo cargo en el cual brillaran su padre, Eduardo Frei Montalva, Arturo Alessandri y Salvador Allende; no se notará que hable en monosílabos y que su oratoria no es muy florida, sólo tendrá que acompañar a Mamá Michelle Bachelet en la Parada Militar y tocar la campanilla cuando algún padre conscripto se sobrepase en el lenguaje.
La Democracia Cristiana se ha convertido en un partido hambriento de cargos públicos: cuando ya no hay ideales sólo queda el consuelo de un buen sueldo para pasar el invierno. Lograron siete ministerios a punta de presiones, aun cuando quedan por definir las subsecretarías, intendencias, gobernaciones, seremis y embajadas; es seguro que el abultado vientre de la Democracia Cristiana exigirá muchos de estos suculentos platillos para poder sobrevivir. Tanta grasa que impide el accionar de las neuronas provoca, con razón, el desagrado de los ciudadanos, respecto de una casta política sólo interesada en reproducirse por medio de los sueldos fiscales y su ambición desmedida de poder para no morir en el intento.
No me extraña por qué en todos los países de América Latina los políticos forman parte de una casta repudiable. Desgraciadamente a los desprestigiados políticos les suceden tiranillos, demagogos de derecha y de izquierda, ex militarotes y toda una fauna de audaces piratas ambiciosos de poder; resta solamente leer la lista de los gobernantes latinoamericanos: Chávez, demagogo de izquierda, Uribe demagogo de derecha, y así, suma y sigue. Por desgracia, la democracia y la política como rama de la ética, es inconcebible en nuestro malhadado Continente. Esperemos que nuestra presidenta electa nos saque de este marasmo.