¿Podrá gobernar René Préval el Irak latinoamericano?

 Está claro que triunfó René Préval en las elecciones del 7 de febrero de 2006. A pesar de la ocupación por la misión de Naciones Unidas, encabezadas por Brasil, con la participación de Chile y de otros países de América Latina y del mundo, nuevamente los haitianos se pronunciaron por un personero del movimiento Labalás- la lluvia que limpia el país de la corrupción -.

La intervención de Francia y de Estados Unidos, en febrero de. 2004, que derrocó y exilió al ex sacerdote de la teología de la liberación, Jean Bertrand Aristide y que, hipócritamente continuó con la intervención de Naciones Unidas, en la cual tuvieron un protagonismo importante los países latinoamericanos, entre ellos Chile, no ha tenido los efectos deseados por las grandes potencias: el pueblo continúa creyendo en Aristide y en su sucesor, René Préval; es de esperar que la intervención de la ONU no se prolongue por el bien de este país, el primero en liberarse de la esclavitud en todo el mundo, y que fue capaz de colaborar en la independencia de la Gran Colombia. Sería un desatino, bajo la justificación de la inexistencia de un Estado, convertir a Haití en un fideicomiso de Naciones Unidas. Ya, en 1915, fue ocupado por los norteamericanos, dando lugar a un amplio movimiento nacionalista que, desgraciadamente, terminó en la dictadura de Francois Duvalier .

Es evidente que la ultra derecha haitiana, heredera y beneficiaria de la dictadura de los Duvaliers y de Raoul Cedras, no aceptarán fácilmente el veredicto de las urnas a favor del presidente electo, René Préval, y recurrirán a los más bárbaros procedimientos para seguir sometiendo a este pueblo de ex esclavos rebelados. Haití es víctima, no sólo de la miseria, sino también de la corrupción: es la vía de paso de las drogas desde Colombia hacia Estados Unidos; la clase política, la policía y el empresariado viven de la corrupción y del narcotráfico, por consiguiente, temen a cualquier gobierno, como es el caso del de Préval, que ponga fin al estado caótico, que está a punto de llevar a Haití a la guerra civil, situación que, en el fondo, quería evitar nuestro profesor Lagos.

Creo que llegó la hora de dejar a Haití que decida su destino y no lo sigamos considerando como una nación no viable, donde se puedan pasear los inútiles funcionarios internacionales. Mal que mal, América Latina tiene una deuda aún no saldada con la primera nación independiente del continente; llegó la hora de la liberación de Haití.