Como conductora del acto, estaba Concha García Campoy, una de las mejores comunicadoras radiales que hay en este país. Hizo lo suyo, pero con tal maestría, que predisponía a escuchar a cada ponente con la mayor de las atenciones. Estuvieron Trinidad Jiménez, Secretaria de Relaciones Internacionales del PSOE; Gustavo de Arístegui, portavoz de asuntos internacionales del Partido Popular en el Congreso; Rafael Estrella, Portavoz socialista de los mismos asuntos; Joaquín Ceberio, ex-Director de El País; Raúl Pérez-Maura, Subdirector del ABC; y Carlos Solchaga, ex-Ministro de Economía y Hacienda y actual Presidente de una fundación iberoamericana, entre otras muchas cosas. No les voy a cansar con lo que dijeron, pero el lector se dará cuenta solamente por los nombres y cargos de que la Editorial El Tercer Nombre, autora de la edición de este libro, equilibró magistralmente el panel de ponentes.
Mi opinión es que estamos en presencia de un libro necesario, valiente y oportuno. Necesario porque se cuenta en él, con detalles muchas veces no conocidos por la opiniòn pública, la verdadera historia de lo que ocurrió en el seno de los organismos internacionales antes de que se lanzara la ocupación a sangre y fuego, a Irak. Valiente, porque quien lo escribe es un diplomático en activo, que sabe que revelaciones como éstas pueden acarrearle a su país las típicas represalias del apatronado de siempre, como el niño que es castigado con un par de azotes en el culo cuando no hace lo que se le ordena. Oportuno, porque es hora de que las verdades afloren, de que las mentiras emprendan la retirada y los que mandan en el mundo no sigan cometiendo sus abusos y arbitrariedades en nombre de una humanidad aislada de los razonamientos que fundamentan atrocidades.
Heraldo Muñoz se la juega. Claro que lo hace con el apoyo del Presidente chileno que se va del cargo con la mayor aceptación de su pueblo que jamás la historia chilena registró. O sea, contó con el respaldo de Ricardo Lagos, el Presidente que no mintió a su pueblo y que hizo de la transparencia su forma cotidiana de gobernar. Por eso, Muñoz gana un plus importante de credibilidad.
Pero también cuenta con documentos, con relatos detallados minuciosamente, pormenorizados. Con diálogos casi al pie de la palabra, irrebatibles. Y con papeles que llevan firma y sello. Y en ese relato literal y literario de un protagonista de excepción, el lector no se evade, no se pierde. Por el contrario, se anima a seguir sin descanso por la trayectoria de unos hechos no suficientemente aclarados, no conocidos en su integridad, hasta llegar a la verdad sonrojante para unos, quemante para otros, indignante para muchos.
Heraldo Muñoz se atreve a describir las muchas aristas que presionó el Gobierno de Estados Unidos para conseguir la legitimaciòn de una acción descomunal. Y también las otras acciones protagonizadas por otros gobiernos, como el de España por ejemplo, para apoyar rastreramente el objetivo guerrero del gigante del norte.
Y describe lo que también indigna: las represalias estadounidenses a los países que se opusieron a la guerra, a la invasión descomunal y sangrienta.