En su mensaje de Navidad, el presidente George W. Bush dijo que durante el año 2005 “hubo logros asombrosos en la historia de la libertad”. Sin embargo, en opinión de especialistas, todos los pronósticos presagian que en el recién iniciado año 2006 continuará el distanciamiento en las relaciones de Estados Unidos con América Latina.
Según el líder de la minoría demócrata del Senado, Harry Reid, la decisión de la administración Bush de centrar su atención en la situación en Irak, “ha menguado el surgimiento de iniciativas que ayuden al progreso de los intereses de Estados Unidos en Latinoamérica”.
En opinión de Reid, el presidente Bush no ha logrado diseñar una política coherente para la región, lo que ha provocado que se incremente el sentimiento antiestadounidense y sea cada vez menor la influencia de Washington en el área.
Por otra parte, William Delahunt, miembro del subcomité de Asuntos Interamericanos de la Cámara de Representantes, recomendó implementar un diálogo con los países latinoamericanos “basado en la realidad” y recomendó “oír más y dar menos lecciones”.
2005; un año terrible
La historia de descalabros en la política de Washington para la región, el pasado año, comenzó con el fracaso de sus dos candidatos para el puesto de secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA).
Tanto para el ex presidente de El Salvador Francisco Flores, como para el canciller mexicano, Luis Ernesto Derbez, el evidente apoyo estadounidense fue fatal en sus aspiraciones.
En junio, durante la 35 Asamblea General de la OEA, la mayoría de los países latinoamericanos se opuso a la aprobación de mecanismos de intervención preventiva.
El entonces secretario de estado asistente para asuntos del Hemisferio Occidental, Roger Noriega, cavó allí su tumba política al atribuir la caída del presidente Boliviano, Carlos Mesa, al apoyo del mandatario venezolano, Hugo Chávez, al entonces candidato presidencial, Evo Morales.
En su lugar fue nombrado, Thomas Shannon, un diplomático de carrera considerado “más moderado y medido”, pero que no logró dar un giro favorable a las relaciones con América Latina y ha debido recoger los frutos de la continua impericia de la administración.
A finales de 2005, Bush decidió culpar a los inmigrantes ilegales del aumento en la criminalidad, y la Cámara de Representantes aprobó una ley que sanciona a todos los que empleen indocumentados o sus familias, incluidas las instituciones religiosas.
La ley, aprobada el 16 de diciembre pasado, contempla el refuerzo de la vigilancia en la frontera con México e incluye la construcción de un muro divisorio, el desplazamiento hacia allí de efectivos militares y el refuerzo de la policía local.
En tal sentido, la cancillería mexicana convocó el pasado 10 de enero a un encuentro entre diplomáticos de ese país y Centroamérica, en el que se condenó la propuesta norteamericana de que la inmigración ilegal sea considerada un delito.
Otro objetivo estratégico que tampoco pudo cumplir Washington en América Latina durante el año 2005, fue conseguir la aprobación del Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA), que debía entrar en vigor el 1 de enero de 2006.
A falta de consenso para ello, EEUU impulsó el establecimiento de Tratados de Libre Comercio (TLC) bilaterales que, aunque son convenios más limitados con respecto al objetivo inicial de Washington, también han suscitado dudas entre los gobiernos de la región.
Por ejemplo, las negociaciones para la firma de un TLC con Colombia, Ecuador y Perú están estancadas desde mayo pasado, y Bolivia dejó el tema al nuevo presidente, Evo Morales, quién ha demandado un tratamiento justo, como condición imprescindible para su implementación.
En el caso del Tratado de Libre Comercio con Centroamérica y República Dominicana (CAFTA), cuya firma estaba igualmente prevista para enero de 2006, ha sido aplazada hasta febrero o marzo del presente año.
El acuerdo, que aún no ha sido ratificado por el congreso de Costa Rica, podría entrar en vigor, indistintamente, con algunos países el 1 de febrero y con otros el 1 de marzo.
Los militares
Un rasgo característico en el accionar de la actual administración en su relación con América latina, ha sido la preponderancia que en su implementación ha tenido el Pentágono, suplantando en funciones al Departamento de Estado.
Ello ha hecho que consideraciones y puntos de vista, antes de política exterior, se hayan transformado paulatinamente en asuntos de “seguridad nacional”, como son el presunto peligro que entrañan para Estados Unidos el terrorismo y el narcotráfico en la región.
El protagonismo del componente militar norteamericano incluye además la lucha contra la delincuencia juvenil, la represión de la inmigración ilegal y recientemente se añadió el control de las operaciones de socorro en caso de catástrofes naturales.
En el caso concreto de Centroamérica, un ejemplo de esta militarización de la política exterior lo constituye el favorecimiento de la opción militar en el enfrentamiento a las pandillas urbanas, muchas de las cuales operan en conexión con sus similares en Estados Unidos.
Los fondos que Estados Unidos destina a programas de asistencia económica para Latinoamérica sufrieron un estancamiento durante el año 2005, mientras se produjo un aumento en el monto de la ayuda militar.
Sin embargo, carece de lógica que para una región donde los principales problemas son la pobreza y la desigualdad, la mayor cantidad de recursos se asignen a gastos militares.
Fórmulas fracasadas
El fracaso de las políticas neoliberales en reducir la pobreza en la región, que lejos de disminuir se acrecienta, es la razón por la cual muchos gobiernos latinoamericanos se rehusan a aplicar las recetas dictadas desde Washington y buscan respuestas diferentes.
Estados Unidos sigue interpretando las relaciones con América Latina con la mentalidad de los años de la Guerra Fría, lo cual le dificulta tener una percepción objetiva de los cambios que tienen lugar en el continente.
De acuerdo con un articulo publicado en diciembre pasado por el diario The New York Times, “cuando las denuncias sobre el imperialismo yanqui en América Latina surgen desde palacios presidenciales hasta las calles y congresos, Washington necesita cambiar su comportamiento”.
Considera el diario que la razón por la cual cada vez más millones de personas en Latinoamérica viven hoy bajo gobiernos de izquierda es que, “luego de 20 años, las políticas de libre comercio han hecho poco por los pobres”.
Pese a los descalabros, e independientemente de los resultados de la docena de comicios presidenciales que están en marcha en la región, todo hace vaticinar que EEUU no variará su política hacia América Latina y mantendrá el centro de su atención en otras regiones del mundo.