Escucho de madrugada en las radios de España la voz de Michelle Bachelet. Es una voz tranquila, comprometida, entusiasmada de la primera mujer que llega a la Presidencia de la República en Chile. Aquí llueve, allí llovieron votos hacia la rubia hija de un general muerto en manos de sus torturadores. Aquí hace un frío invernal, allí se palpa el calor de la ilusión por una victoria histórica. Aquí las noticias de las elecciones chilenas ocupan el primer lugar de los informativos radiales y de televisión, y en la prensa de los quioscos la sonriente Michelle nos saluda cuando amanece. El Presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, ya la ha llamado y le ha enviado el abrazo entusiasmado del pueblo español. Es que en España, parafraseando a Neruda, Chile está en el corazón.
Pero también escucho que no sólo en este país la victoria de Michelle Bachelet es muy bien valorada informativamente. Así conozco los comentarios de los principales diarios de Francia, de Inglaterra, de Italia, de Alemania y de Estados Unidos, sólo por citar algunos países. En todos se destacan varias cosas: que es la primera mujer que llega a la Presidencia en Chile; que es la cuarta vez que gana la coalición socialista-socialdemócrata-demócratacristiana; que el proceso electoral ha sido transparente y que todos están tranquilos y confiados en el actual sistema democrático chileno. Me enorgullesco de mi país desde la distancia.
Y pienso.
Pienso, por ejemplo, que a Patricio Aylwin Azócar le tocó la difícil tarea de consolidar las bases para el despegue democrático del país, tras un largo, demasiado largo período de oscuridad traumática, superando odios tan recientes,dramas tan inmensos. Pienso en Eduardo Frei Ruiz-Tagle, a quien le correspondió afinar las bases del progreso económico, superando dificultades, reticencias y desconfianzas de un empresariado acostumbrado a protagonizar políticamente demasiados aspectos de la vida nacional. Y pienso en Ricardo Lagos Escobar, protagonista de una de las etapas más brillantes de nuestra historia, consolidando la bonanza econòmica, el desarrollo y la modernidad que sitúan a Chile a la cabeza de nuestra América morena; recuperando el prestigio y respeto que nuestro país merece en el concierto internacional. Y,por sobre todo, el gran acierto de Lagos ha sido terminar con el llamado “problema militar”, dotando a nuestras Fuerzas Armadas del papel justo y preciso, de las dimensiones exactas para las condiciones de los nuevos tiempos. Y dejando los tiempos pasados en manos de quienes les corresponde actuar en el marco de un estado de derecho: los jueces.
¿Y que le queda a Michelle Bachelet?. El gran reto de acortar las desigualdades sociales que hacen de Chile el país de mayor amplitud en las diferencias en todo el subcontinente. Debe, en consecuencia, acentuar las políticas sociales, consensuando proyectos y actuaciones con todos los sectores de nuestra sociedad, porque esa es una tarea de todos. No es justo que en un país que avanza con tanta potencia, todavía exista un alto porcentaje -demasiado alto- de familias sumidas en la extrema pobreza.
Pero, además, Michelle Bachelet debe responder a sus propios compromisos, porque la gente le votó justamente por eso, por su programa. La gente quiere que se profundice en los programas desarrollados en los tres anteriores gobiernos. No quiere un simple continuismo: quiere profundización, avance hacia la modernidad, con justicia,con generosidad, con igualdad. Y para conseguirlo, debe contar con todos los chilenos, concertacionistas o no. Y, también, debe ilusionar de nuevo a nuestra juventud, que se ha ido retrayendo en los últimos tiempos de la actividad política, por culpa -sin duda- de la actuación de malos políticos.
Michelle Bachelet tiene cuatro, sólo cuatro años, para escribir la página histórica del primer paso femenino por lo más alto de La Moneda. Se lo ha ganado con su capacidad, inteligencia y consecuencia. Seguro que, una vez finalizada la contienda electoral, contará con el apoyo y esfuerzo de todos los chilenos para empujar el hermoso carro de nuestro país hacia las cumbres de la paz, de la igualdad, del progreso…despertando aún más admiración en el mundo que la que hoy escucho en las radios de España.
