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Agosto 19, 2026

Piñera y las Visitadoras

 Jaime Guzmán llamaba a sus discípulos a “buscar el poder, no los cargos”. Todo indica que comprendieron excesivamente bien la lección, pues la derecha se apresta a cumplir 20 años fuera de la Moneda. Como en Pantaleón y las Visitadoras de Vargas Llosa, ejecutaron la orden de Guzmán con diligencia extrema e imbecilidad infinita. 

Está bien, hay que reconocer que Guzmán era un genio político. Meticuloso y sin ambiciones de corto plazo, llamaba a hacer las cosas de tal modo que aunque gobernasen otros, los asuntos públicos se llevarían tal como lo haría el gremialismo si tuviese el poder. El resultado no fue malo y ahí están los dieciséis años de Concertación que -en lo esencial- respetaron el modelo económico. Pero “Jaime” murió en 1991 y seguro que cuando dijo “busquen el poder, no los cargos” no pensaba quedarse fuera de La Moneda por veinte años y, lo que es peor, pasar estos últimos cuatro que se nos vienen encima con minoría en el Congreso. ¿Qué pasó? Mi primera respuesta es que la naturaleza es tacaña. Cuando dota a alguien con potente inteligencia no suele ser igual de generosa con quienes lo rodean. Los discípulos de Guzmán no heredaron sus luces y se tuvieron que conformar con una férrea disciplina, más propia de la era soviética que de los tiempos actuales. Así, como Pantaleón, fueron capaces de organizar una UDI que funciona como reloj suizo, pero se tuvieron que resignar a quedarse dos décadas fuera de La Moneda (y digo esto porque Piñera ya huele a podrido).

Pero como bien sabemos, la derecha es una realidad ontológica. Jamás desaparece, sólo se transforma. Si en dieciséis años no ha sido capaz de generar las mayorías que la lleven a la presidencia, su espacio de ninguna forma quedó vacío. Y no quedó vacío porque la Concertación lo llenó: se produjo así una sustitución ontológica. Hoy el empresariado puede apoyar, sin que le tiemble la mano y en forma pareja, tanto a Piñera como a Bachelet. Esto es posible gracias a que, en el fondo, ambos candidatos son de derecha. Basta comparar a Bachelet con la depravada izquierda latinoamericana actual para aceptar esto. E incluso, respecto del propio Piñera, “la Gordi” es más conservadora en materia fiscal, lo que es clave para los hipersensibles pelajes de Wall Street. Hoy, el empresario que vota por Piñera lo hace sólo por convicciones ideológicas, no por pragmatismo. 

¿Pero cómo juzgar a la derecha de hoy? Con el más severo de los rigorismos. Si de verdad quiere curarse y aspirar a “los cargos y al poder” (porque deben recordar que no son conceptos excluyentes) necesitan auto administrarse una purga descomunal. ¿Qué tan profunda? De partida, jubilar a toda visitadora mayor de 50 años, aquellas que en estos dieciséis abriles no han sido capaces ni de entibiar al país con un proyecto no sólo “popular”, sino además “masivo”. Esta es la generación de los fracasados; de aquellos políticos subnormales que no fueron capaces de alcanzar el poder pese al enorme subsidio que supone el sistema binominal. Ahí están los Piñeras, los Longueiras, los Novoa, los Allamand (que para ser elegido pidió blindajes que denotan una decadencia impropia de una visitadora que se precie de tal). Estos personajes deben recordar que la ciudadanía de derecha tiene la legítima e irrenunciable aspiración de contar con representantes competentes capaces de difundir y convertir en mayoritarias las ideas y creencias del conservadurismo criollo. Si sus dirigentes no logran esto, bueno, entonces tendrán que ser despedidos. ¿Qué hace Piñera en sus empresas con un gerente de finanzas inepto?… No creo que lo mantenga en su puesto. Si la derecha fuera consecuente con sus valores, hace mucho tiempo que ya estaría en La Moneda. Pero por desgracia, ellos también son burócratas y disfrutan calentando asientos (y no a sus clientes). “Se buscan visitadoras emprendedoras y con imaginación amatoria”, debiera rezar el aviso en el diario.