Desde luego, la atribución de atea a la militante socialista es una grosería intelectual y el empresario doctorado en Harvard debiera saberlo. Que los no creyentes de la izquierda no comunista son más bien agnósticos que ateos es una cuestión que quedó resuelta, en 1927, en el famoso libro de Bertrand Russell “Por qué no soy cristiano”. Allí el lúcido filósofo y matemático galés acudía a una afirmación estrambótica, que –sin citarla textualmente- decía: “El universo se sostiene en un elefante. ¿Y el elefante, donde se afirma? Ah, eso no lo sé”. Es decir, no se puede probar que exista Dios, pero tampoco su inexistencia ni cómo se creó el universo. No saberlo implica ser agnóstico. La ingeniosa frase “soy ateo, gracias a Dios” era más bien provocación de anarquistas, como el español Luis Buñuel, un cineasta de raigambre surrealista.
Piñera se equivoca cuando trata de obviar estas distinciones filosóficas y elaborar pura y simplemente un mensaje electoral. Tiene razón cuando dice que el “humanismo cristiano” no es atributo de un partido y así acaba de recordarlo la Conferencia Episcopal de la Iglesia Católica. Pero esta afirmación no puede venir en su favor ni en detrimento de la DC. Porque ésta se formó en 1957 superando el confesionalismo centenario del partido Conservador: si el nombre Demócrata Cristiano pudo confundir a los ciudadanos creyentes menos ilustrados, el sentido fue trasladar la doctrina social católica al campo político, como lo venía haciendo la Falange desde fines de los años ’30, y establecer que el cristianismo no era atributo de un partido que defendía el orden establecido.
Este largo proceso, que continuó con la creación del Mapu y la Izquierda Cristiana, desdibuja el esquema de Piñera. Estas dos formaciones se integraron a los partidos por la Democracia y Socialista, tanto que varios dirigentes y parlamentarios de este último son católicos: Naranjo, Viera Gallo, Insulza, Aguiló, Gazmuri. Estos ex jóvenes democratacristianos confluyeron, junto a sus camaradas agnósticos, en una alianza histórica con la DC, después de unirse en la oposición al régimen militar, dándole gobernabilidad al país. En esa confluencia no estuvo ni el economista de Harvard ni el empresario de Bancard, quien después del gesto de votar No en los plebiscitos de la Junta Militar se dedicó, primero, a los negocios y, en seguida, a dirigir la campaña del abanderado del pinochetismo Hernán Büchi.
Tanto en esta candidatura como en la de Aylwin hubo “cristianos”, pero difícilmente podría tildarse de “humanistas” a los civiles de la UDI que ayer, como hoy, patrocinaban el proyecto presidencial de la derecha. Fueron los “ateos o agnósticos” los que hicieron frente común con el humanismo cristiano, una de cuyas mayores acciones concretas fue la lucha de la Iglesia por los derechos humanos. Hoy la derecha liberal que busca expandirse al centro, pese a estar aliada con los neo-conservadores, trata de superar la dicotomía del Sí y el No, un dilema que si es falso lo es tanto como el del “socialismo” versus “cristianismo”.
Finalmente, el ahora candidato único de la Alianza tendrá que tener cuidado en su captura del voto de la mujer humilde que fue a Lavín y cuya alternativa para la segunda vuelta puede ser más bien Michelle Bachelet, poco convocada como se siente aquella por un magnate de imagen harto machista. Piñera puede caer en la misma confusión aparejada en la declaración episcopal: la religión católica es mayoritaria en Chile, pero no es la única expresión de fe en Jesús ni tampoco del humanismo cristiano. Hay un pueblo que milita en las filas evangélicas que tal vez salvó las diferencias religiosas con un candidato que sentían humanamente cercano como Lavín, pero que no transferirá su voto tan fácilmente al individualista empresario.
La realidad socio-cultural es tan compleja que la identificación con el catolicismo y la “familia bien constituida” puede quitarle votos decisivos a Piñera, de una manera similar a la resta que tal vez sufrió Lavín en otro eje temático, aquél en que éste insistía en la doble mano dura contra la delincuencia: muchas madres jefas de hogar ven a sus hijos arrastrarse al delito a causa de la droga y la exclusión y lo que reclaman es una oportunidad de rehabilitación para ellos. Los ingenieros electorales muchas veces no captan estos reversos de las cartas que deciden barajar.