Un aviso
El jueves 27 de octubre leo un aviso en The Clinic. La editorial Copa Rota anuncia la próxima aparición de “Cara y sello de una dinastía” de Mónica Echeverría Yáñez. Es un aviso pero una advertencia a la vez: “¡Cómpralo antes de que desaparezca!”. Es una buena idea para llamar la atención, pero también entiendo que el mensaje no es sólo publicitario. Que los ejemplares de este libro (la historia del clan Edwards y las subhistorias de Agustín V y Sonia) pueden esfumarse y no exactamente por una venta anticipada.
Recuerdo un episodio de hace algunos años. El 25 de agosto de 2002 el diario La Nación Domingo llevaba en portada una fotografía de uno de los dueños de la cadena de supermercados Líder. “La cara oculta de Líder”, anunciaba el titular. En las páginas interiores el reportaje no dejaba muy bien parado al empresario: abusos con los proveedores, abusos con su mujer. Los ejemplares no llegaron a los quioscos de Chile esa mañana. Después nos enteraríamos que los mandaron a comprar muy temprano, casi al alba. Los compradores eran empleados de Líder. El lunes 26 pude leerlo gracias a una nueva tirada, una tirada de urgencia. El aviso en The Clinic me hace pensar en otros textos secuestrados: “El libro negro de la justicia chilena” (lo alcancé a comprar en su edición original) y “Cecilia, la vida en llamas”, (lo compré el día del lanzamiento), ambos requisados por resoluciones judiciales. Pienso que debo estar atenta.
El empaquetador
Camino por la calle Nueva York, en el centro de Santiago. Entro al local de la Feria Chilena del Libro y en el mesón de novedades encuentro “Cara y sello de una dinastía”, no es mi prioridad (vengo por “La ola muerta” de Germán Marín), pero este jueves 17 de noviembre revivo al aviso publicado en The Clinic. Aunque no soy susceptible a la publicidad, me dejo llevar. Renuncio a la novela de Marín (perdón, señor Marín) y compro la novela de facto de Echeverría. Cómo se ha vendido, le pregunto al hombre que lo está envolviendo en papel de regalo. El hombre del Empaque tiene opinión. Le va a ir bien, me dice con la confianza de quien sabe qué libros envuelve. Me cuenta que es la primera semana, que se ha vendido bastante y que están esperando que mañana aparezca algo en la Revista de Libros de El Mercurio. Ahora soy yo la que opina. Le digo que él y sus compañeros se van a quedar esperando, que eso nunca ocurrirá, que del libro de Armando Uribe (“Carta abierta a Agustín Edwards”) jamás apareció una línea. Leo en la tarde del domingo. Me gusta cuando Mónica Echeverría construye la voz de Sonia Edwards. Me incomoda cuando esa voz se interrumpe con el minucioso relato histórico, aunque entiendo que esa reconstrucción es necesaria para hablar de la dinastía. Pienso que este libro es dos libros. Tomo I y Tomo II. Cada uno, un buen tomo.
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No ha desaparecido
Hasta ahora no he revisado las páginas de la Revista de Libros. Para qué. Ni siquiera para lamentar la frustración de los vendedores de la calle Nueva York que todavía deben estar esperando una mención, una nota, una reseña. Algo, como me dijo el hombre del Empaque. Ahora estoy en el local de la Feria Chilena del Libro del Parque Arauco. Reviso el mesón de Anagrama, otra vez traiciono a Germán Marín y llevo dos novelas de Alan Pauls. Saco cuentas: son un regalo, no están dentro de mi presupuesto y hace tiempo que los quiero leer (perdón, nuevamente, señor Marín). En el mesón de novedades veo algunos ejemplares de Mónica Echeverría. Hoy es jueves 24 de noviembre y aún no han desaparecido. El muchacho de la tienda admite que se ha vendido poco; que se vende mejor en los locales del centro. Interesante comparación.
Yo sin saber
El viernes 2 de diciembre reviso los titulares de Revista de Libros: veo una crítica a la novela de José Miguel Varas (“Los sueños del pintor”), una entrevista a Sergio Pitol (ganador del Premio Cervantes) y no recuerdo qué más. También reviso la sección Los más vendidos de la semana. De puro aburrimiento. En realidad no me interesan esas estadísticas. Pero sí me empiezan a interesar cuando veo que “Cara y sello de una dinastía” está en el primer lugar del ranking de ficción. Me entero que desde hace tres semanas ocupa ese lugar. Mi augurio se ha desarmado. Recuerdo las palabras del empaquetador de la calle Nueva York, su espera, su convicción. Y yo sin saber. Yo y mis prejuicios; yo y mi tonto temor: el libro no desapareció de los mostradores y es el mismo Mercurio el que se encarga de afirmar su presencia. Sólo me queda una inquietud. ¿Se guiará por este ranking el dueño del diario? Si es así, ya sabemos lo que está leyendo.