A pocos días del 11 de diciembre los candidatos no controlan esfínteres: los baños están colapsados y no falta quien proponga comprarles pañales y, como los nervios están en ebullición, los procaces garabatos salen de sus antes angelicales bocas. Pedro García, además de humillar a una pobre trabajadora, le saca la madre a un dirigente sindical; entre los falangistas y Lúculo Piñera se insultan a través de la Franja electoral; Jacqueline van Rysselberghe, más pérfida y de lengua viperina que Agripina o Lucrecia Borgia: piensen ustedes que fue ella quien inventó la calumnia de que Michelle Bachelet era “una gordita sin ideas”, karma que, hasta el día de hoy, persigue a la candidata de la Concertación.
Como las últimas encuestas muestran la posibilidad de que el millonario Lúculo Piñera desplume al arcángel Lavín y sea el competidor de Michelle Bachelet, y, por qué no, logre ser el sucesor del Profesor Lagos, Jacqueline declara a la prensa que “ni cagando voto por Sebastián Piñera en la segunda vuelta”, incluso, se muerde la boca para no lanzarle un par de insultos a su primita Francisca, que anda mordiéndole las uvas al adonis Bombal.
Concepción siempre ha tenido fama de ser una ciudad combativa: todas las guerras civiles, del siglo XIX fueron protagonizadas por la aristocracia penquista; como la directiva de la Udi conoce a fondo esta historia, se trasladó, en pleno, para tratar de apagar el incendio, pero este intento corre el riesgo de fracasar a causa de los odios y resentimientos de los niños del Sagrado Corazón de la Udi respecto a la “traición” de Lúculo Piñera por votar por el NO en el Plebiscito de 1988, creerse un humanista cristiano y haberle robado las plumas al alado Lavín. A tanto llega la animadversión contra el legionario millonario que, entre otros, el guatón Iván Moreira lo ha llamado “el capitán veneno” y a Moreira le va a ser muy difícil beber la pócima de cicuta si Sebastián pasa a la segunda vuelta. Me extraña que el Cristo de Palo Longueira no haya lanzado una de sus famosas filípicas, en la Plaza de Armas, para denostar a Lúculo.
Ante la posibilidad de derrotar a los soberbios apitutados de la Concertación, el marido abusador y la mujer golpeada se volverán a juntar y, aunque duerman en camas separadas, mantendrán esta ficción jurídica a fin de que sus hambrientos hijos puedan exprimir la abundante ubre del poder.
