El martes 4 de octubre el Presidente Lagos condecoró a Marco Aurelio García con la Orden al Mérito Bernardo O’Higgins, la que se otorga a ciudadanos extranjeros por servicios prestados a Chile.
Sin embargo, los méritos son muchos más. Marco Aurelio conoce muy bien a Chile y los chilenos. Se exilió, junto a su esposa Elisabeth, en nuestro país cuando la dictadura brasileña estrechaba el cerco sobre los demócratas. Lo recibimos con entusiasmo en el Centro de Estudios Socio-Económicos (CESO) de la Universidad de Chile, dónde también nos acompañaban Theotonio, Vania, Ruy Mauro y Emir Sader.
Pero, Marco Aurelio no ha cambiado. Sigue siendo el mismo de siempre. Han pasado treinta y cinco años desde que nos conocimos. Nos hemos encontrado esporádicamente y cada vez es como si no nos hubiéramos dejado de ver. Está en el poder, al lado de Lula, pero sigue recordando, con la misma alegría y afecto, a la gente más humilde con la que compartimos en el Ceso. Sabe reirse de si mismo, sigue ironizando sobre los poderosos y no soporta a los serviles. No se enoja porque nuestros amigos Theotonio o Emir critican la política económica de Lula. Es que es un demócrata de verdad y sabe respetar a las personas. El poder no lo ha trastornado. Por esto es que sigo apreciando a Marco Aurelio.
