Si es por adaptaciones de esas fuentes ideológicas a las realidades latinoamericanas podemos hallar otros casos, como el del Uruguay. En ese país los decés no sólo son antiguos aliados de los socialistas en el Frente Amplio, sino también de los comunistas y hoy gobiernan junto a otras fuerzas progresistas bajo la Presidencia de Tabaré Vásquez En el Paraguay hay un dato que raya en lo pintoresco; hasta la década del 90, los seguidores de Maritain y la encíclica Rerum Novarum se agruparon bajo el nombre de Partido Social Demócrata Cristiano.
En Chile el asunto no es cuestión de nombres, sino de desarrollos políticos. El ala rebelde demócrata cristiana cruzó el umbral de los 70 con dos proyectos, llamados Mapu –que luego se escindió en dos partidos- e Izquierda Cristiana. Muchos de sus dirigentes, de vuelta del exilio, protagonizaron, al comenzar los 90, la “política de los consensos” con el postpinochetismo.
Fundidos orgánicamente algunos en el partido Socialista y otros en el PPD, devinieron en una suerte de “social demócrata cristianos”: con cuna decé y servicio revolucionario cumplido, se produjo finalmente una síntesis de sus genes reformistas, ardores juveniles y quietud de la madurez.
Este fenómeno ha sido enfocado de dos maneras desde las filas demócrata cristianas y socialistas. La directiva de Adolfo Zaldívar vio desarrollarse en La Moneda de Ricardo Lagos una alianza que, en privado, ha denominado “el Mapu Martínez”, es decir, el reencuentro entre los antiguos rebeldes liderados por José Miguel Insulza y los seguidores de Gutenberg Martínez (corriente hoy denominable “alvearista”).
Socialistas como el diputado Alejandro Navarro han ido más lejos en su diagnóstico, a partir del episodio de su enfrentamiento con José Antonio Viera Gallo por la candidatura a senador en el Bíobío. “Hay muchos izquierdistas que tienen un comportamiento conservador y burgués y hay muchos burgueses que tienen prácticas extremadamente revolucionarias y subversivas”, dijo en sucesivas entrevistas.
El debate público queda así abierto sobre aquellos “burgueses” que antaño actuaron como “revolucionarios” y que hoy, sin arrancarse la etiqueta de “izquierdistas”, se portan como “conservadores”, administrando un modelo político-económico. Pero el comité central socialista lo zanjó internamente, al decidir, por mayoría de cuatro votos, que el candidato por la VI Región Costa sería Navarro y no Viera Gallo.
Es cierto que las pugnas de corrientes en ese partido no se resuelven derribando a los “social demócrata cristianos”, porque muchos próceres de la renovación proceden del tronco histórico del PS, como el propio presidente actual, Ricardo Núñez. Pero es una manera de continuar un decantamiento que empezó, el año pasado, con el paso al costado de Enrique Correa, quien prefirió una precandidatura presidencial demócrata cristiana, al igual que Eugenio Tironi y José Joaquín Brunner, otros fundadores del Mapu que en su hora íngresaron al PPD.
Y es una manera, dicen, de reacercar al partido, el eventual gobierno de la socialista histórica Michelle Bachelet y la “Cámara de los Lores” en que se ha convertido el Senado a la ciudadanía, como hoy se denomina al pueblo, después que durante un tiempo se le llamara “la gente”. El diputado Navarro lo dice con todas sus letras: es una cuestión de cuna, tipo de educación y estilo, de fin de los consensos para dar paso a la confrontación objetiva de intereses.
(Comentario transmitido por radio Universidad de Chile).