Varias publicaciones hubo en ese período, con distintos estilos para defender valores tan fundamentales, pero en la historia quedó inscrita como emblemática -para usar un término en boga- la revista “Análisis”, fundada y liderada –más que dirigida-, a partir de 1977, por Juan Pablo Cárdenas, finalmente Premio Nacional de Periodismo 2005.
El mismo hecho de que ya no exista esa publicación, sino que haya caído cuando llegó el largo tiempo de la transición, debe unirse a la postergación que sufrió el reconocimiento a Cárdenas. Ambas cosas pueden atribuirse al renunciamiento de las nuevas autoridades democráticas al estímulo del pluralismo en el desarrollo de los medios de comunicación. El libre mercado puede ser eficiente, pero no justo, en la asignación de recursos y por eso un poco de Estado y harto de buen gobierno es necesario para ayudar a los sectores más débiles de la sociedad. Entre ellos está el periodismo que orilla los grandes centros de la propiedad medial.
Y no es casual que esta desaprensión por el pluralismo en la oferta informativa, de interpretación y opinión haya corrido a parejas con la ingratitud de los demócratas con quien diera la lucha por la democracia al frente del equipo, que con el precio de su libertad, integridad física y de sus bienes e incluso la vida, llevó adelante el proyecto de revista “Análisis”.
Pero hay algo intrínseco en esta doble situación, no atribuible a las limitaciones y veleidades de la transición, sino a la esencia misma del periodismo: su incapacidad, cuando éste es consecuente consigo mismo, a adaptarse a las necesidades del poder. Un periodista de verdad no puede sino ser crítico frente a las autoridades e independiente de ellas para informar de lo que hace, para interpretar su desenvolvimiento y, finalmente, para emitir juicios, serenamente laudatorios o discrepantes. Una serenidad que puede terminar cuando se producen arbitrariedades, razón de ser de las dictaduras, pero también recurrente tentación en democracia.
Y de todo esto ha dado testimonio Juan Pablo Cárdenas. Quienes profesamos los mismos valores, con todas las diferencias de estilo y temperamento que legítimamente tiene que haber, nos sentimos galardonados como él, aunque sea por el solo hecho de trabajar a su lado en esta coyuntura y gozar de los atributos libertarios y de tolerancia que él proyecta en los equipos que ha dirigido a lo largo de su carrera.
*Periodista
