El terrible rumor de que entre los peregrinos se escondía un terrorista suicida tomó rápidamente vuelo. La muerte de miles de chiitas que peregrinaban hacia la mezquita de Musa Al-Kadem fueron víctimas del pánico y empujaron las vallas de contención del puente Imams. La mayoría murió aplastada, pisoteada y el resto cayó a las lodosas aguas del río Tigres. Hoy se realizaron los funerales y nace la polémica por la búsqueda de responsabilidades.
La búsqueda de cuerpos duró todo el día y el número de víctimas aumentaba. Las morgues de la ciudad se saturaron rápidamente, las familias empezaron la tortuosa identificación de sus desaparecidos.
El ministro de Salud, próximo al movimiento del religioso radical Muktada al-Sadr, pidió la renuncia de los ministros del Interior y de Defensa por su responsabilidad en los hechos. Afirmó que un cordón de seguridad de al menos treinta kilómetros habría podido hacerse por medio de los mecanismos dependientes de esos ministerios. En tanto, su homólogo del Interior Bayane Bagher Soulagh, le responde que sus fuerzas no eran responsables del sector y del pánico provocado por el rumor de un terrorista o de un kamikaze.
El presidente iraquí dijo a la televisión local que “el gobierno debe de tomar medidas para que una investigación honesta determine cómo es que los errores pudieron duplicar el número de muertos”.
Ammar Al- Hakim, uno de los dirigentes del Consejo Supremo de la Revolución Islámica Chiita, acusó a los grupos extremistas sunitas y a los terroristas saddamistas como responsables de lo ocurrido, mientras que el ministro de Defensa Saadoun Al-Doulaimi (sunita) responde a la televisión que “lo que pasó no tiene nada que ver con tensiones religiosas. Solamente siete personas fueron muertas por el terrorismo”, dijo en referencia al atentado que se hizo pocas horas antes en el lugar.
