El “Informe sobre la Situación Social en el Mundo 2005: El dilema de la desigualdad” señala que las desigualdades en el acceso a recursos y oportunidades han aumentado en América Latina y el Caribe. El desempleo aumentó de un 6,9 por ciento en 1993 a un 9 por ciento en 2002. Muchos trabajadores fueron obligados a recurrir a la economía informal, donde a menudo las condiciones son inhumanas y la remuneración baja.
El “Informe sobre la Situación Social en el Mundo 2005: El dilema de la desigualdad” destaca el acceso segmentado a los servicios públicos en América Latina, observando que a pesar de los altos niveles de gasto público social en la región, los beneficios no están llegando a los más pobres. De hecho, grandes segmentos de la población de menores ingresos siguen siendo excluidos de muchas áreas de bienestar público.
El Informe concluye que el resultado acumulativo de las reformas estructurales de los últimos 20 años en América Latina ha sido un aumento en la desigualdad. Las reformas de políticas centradas en el crecimiento fueron diseñadas con la expectativa de que tasas mayores de crecimiento serían suficientes para generar beneficios sociales. Sin embargo, han tenido consecuencias negativas de largo plazo. Argentina y Venezuela se cuentan entre los países que más han sufrido un aumento rápido en la desigualdad durante los 90.
Las desigualdades en el acceso a recursos y oportunidades también han aumentado en América Latina y el Caribe. El desempleo aumentó de un 6,9 por ciento en 1993 a un 9 por ciento en 2002. Muchos trabajadores fueron obligados a recurrir a la economía informal, donde a menudo las condiciones son inhumanas y la remuneración baja. Las divisiones entre las economías formales e informales aumentan aún más la segmentación de la sociedad, incrementando las tensiones sociales y marginando a los pobres del proceso de desarrollo.
Un rasgo particular de la desigualdad al interior de cada país es la brecha entre el ingreso de hogares pobres y ricos. Durante los 90, del 10% de los hogares más ricos acumulaba entre el 30 y el 45 por ciento del total de ingresos. En contraste, el 40 por ciento más pobre recibía sólo entre un 9 y un 15 por ciento de éstos.
Las desigualdades entre los países han aumentado también. El ingreso por habitante en América Latina y el Caribe ha caído sostenidamente en comparación con el ingreso promedio por habitante en los países ricos que pertenecen a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE). Entre 1980 y 2001, el ingreso por habitante cayó desde un 18 por ciento a un 12,8 por ciento, revelando que el ingreso por habitante ha crecido con mayor rapidez en los países más ricos, profundizando la brecha de la desigualdad.
Hay una larga historia de desigualdad en la propiedad de los activos en América Latina y el Caribe, con la mayoría concentrada en las manos de una elite minoritaria. El Informe sugiere que en países como Brasil, Guatemala y Bolivia, el factor de la raza o la etnicidad sigue siendo decisivo en el momento de acceder a las oportunidades, puesto que los ingresos de las poblaciones indígenas y afro-descendientes son entre un 35 y un 65 por ciento menores que los de los hombres blancos, y estos sectores tienen menos probabilidades de acceder a la educación y la vivienda.
A pesar de la expansión económica de un país, la reducción de la pobreza es más probable en los países donde los gobiernos han implementado políticas y programas que promueven la igualdad, incluyendo las iniciativas para mejorar el acceso a los recursos, el ingreso, la educación y el empleo.
